RED43 sociedad
05 de Julio de 2026
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Marisa Gomez

Viejo de mierda

de Marisa Gomez

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José frena a unos metros de la tranquera. Lucía se baja, la abre para que su hermano avance y vuelve a subir a la camioneta.

 

 

—Tenía razón el vecino —dice Lucía y se queda mirando lo que quedó del invernáculo, solo unas varillas que apuntan al cielo. Su madre se pasaba horas con los tomates Cherry.

 

—Después que mamá falleció, no pisé más —recuerda José mientras observa el gallinero, los alambrados caídos y las gallinas picoteando.

 

—Sí, más de un año, pero yo hace unos meses, vine sola y no estaba todo tan así. Mirá cómo los yuyos avanzaron sobre la casa. ¡Pobre viejo!

 

—No empieces… No es ningún pobre y lo sabés. Vine porque me pediste que te acompañe, solo por eso.

 

 

Los dos hermanos entran a la casa. José se queda parado mirando los mamelucos de trabajo tirados en el piso, las toallas hechas bollos, las hormigas que avanzan y suben al mesón para regresar con una miguita de pan y perderse en el lavadero. Los platos sucios apilados en las bachas, botellas de vino desparramadas en el suelo, las lenguas de suegra y malvones, secos… En cambio, Luisa camina hacia la ventana. Ahí está su padre sentado en la silla mecedora. Lo abraza. Él la separa con fuerza y la mira serio.

 

 

—Señora … ¿Quién es ese que vino con usted?  

 

—Papá, es José tu hijo, y yo Luisa, tu otra hija.

 

—Ahhh…

 

José agarra a Luisa del brazo.

 

—Siempre igual este viejo.

 

—Por favor…Está perdido y enfermo. Peor de lo que imaginé. No se puede quedar más solo. Ya lo hablamos. Ayudame a ordenar un poco y lo llevamos.

 

Luisa y José juntan lo tirado. Después se dirigen al dormitorio y en el medio del desorden, seleccionan algunas prendas y las acomodan en la valija.

 

Al regresar al comedor, el padre ya no está.

 

—¡A joder, nomás! ¿Dónde se fue? — pregunta Luisa.

 

—No va a ir muy lejos …— le responde José.

 

—Terminala, por favor…

 

—Es un viejo de mierda o ya te olvidaste de la pobre de mamá, que lo tenía que aguantar cuando llegaba en pedo del boliche...

 

Luisa deja a José hablando solo y corre a la parte de atrás de la casa. Sigue el camino y ve a su padre alejarse, bamboleando el cuerpo, pero a paso largo y le grita a su hermano.

 

—Ayudame, se va…

 

José la alcanza, la abraza tan fuerte que le impide seguir al padre.

 

Luisa le pega puñetazos en el pecho.

 

—Te volviste loco, ¿qué te pasa?

 

—Quiero que grites, viejo de mierda.

 

—Sí, José. Siempre fue un viejo de mierda, siempre, escuchaste, pero ahora es diferente. Está enfermo.

 

Luisa corre y como un volcán explotan en su cabeza las imágenes mezcladas con las voces y los gritos de su padre cuando ella era chica. Ve a la mamá arrodillada cubriéndose la cara con ambas manos, a José abrazarla y ella. ¿Dónde estaba ella? Debajo de la cama, ese era su refugio.

 

Sin aliento se detiene y mira a su padre que se aleja cada vez más, cuando oye a José que grita y corre.

 

—Viejo, pará ahí…

 


M.G

 

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