RED43 opinion #Esquel
28 de Junio de 2026
opinion |
Marisa Gomez

"Hepatitis"

Columna literaria por Marisa Gómez. 

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Papá, mamá y mi hermana entran a casa y se quedan petrificados al ver las dos valijas y a mi abuela parada al lado como un sargento. 

 

Mamá se pone blanca y papá rojo como un tomate. La abuela los abraza, los besa. Después se agacha para rodear con sus brazos el cuerpo de mi hermana y pega un grito.

 

—Porca Madonna, me felicito de estar acá. Esta chica se está muriendo. 

 

—Shhh…no es tan así. El médico nos dijo que la solución es la cama, dos meses de cama —aclara papá. 

 

—Es hepatitis. Paciencia —agrega mamá. 

 

La abuela abre una de las valijas. Saca un regalo, otro y otro. Me mira seria, me cierra un ojo, y me dice bajito que son para la enfermita.

 

Está cadavérica y parece un demonio con esas dos manchas oscuras alrededor de los ojos. La llevan al dormitorio, la desvisten y la hacen acostar semisentada en la cama. Le entregan todos, todos los regalos.

 

Abre el primer paquete: un camisón largo, blanco con florcitas de colores. Después rompe otro papel y despliega una solera rosada igualita a la yo le pedí a mamá y no me la compraron porque era muy cara. Y por último, desenvuelve la caja y aparece la muñeca de goma. Parpadea, habla y camina, igualita a la que le pedí a Papá Noel y recibí una carta de disculpa en la que me decían que no entraba en el presupuesto de esa Navidad.   

 

—Nada de ir a jugar con tus amigas a la vereda. Tu lugar está acá con tú hermana— me dice mamá. 

 

A la debilucha, la hepatitis le cambió su mirada, ahora parece una nena inocente y buena. Despliego el juego de damas y niega con la cabeza. Guardo las fichas. Saco los cartones de la lotería y los porotos. Le parece tonto. Despliego los libros para pintar, tampoco le interesa… Agarro la muñeca que le regaló la abuela y me la arranca de las manos. 

 

—Es mía, ni se te ocurra —me dice con ojos de víbora yarará y me empuja. 

 

Guardo todo rápido, espío por la ventana y veo a mis amigas jugar al elástico. Corro y justo cuando llego a la puerta, oigo la voz salida de foco de papá. 

 

—¿A dónde vas? Ya te dijimos que juegues con tu hermana.

 

—Ella no quiere. 

 

—No mientas…Recién me llamó, dice que vos no querés jugar… 

 

Entro al cuarto, y a pesar del amarillo casi verdoso de su cara, y de los ojos escondido detrás de las ojeras, abrazada de su muñeca, sonríe y me saca la lengua.

 

—Comé con tu hermana — dice mamá y deja la bandeja con puré y pechuga de pollo hervido. La abuela le da la calabaza en la boca con una cucharita.

 

Es tarde, mamá y papá discuten en su cuarto, la abuela ronca a mi lado, y mi hermana duerme. Me acerco y le saco la muñeca. 

 

Le paso la mano por la cara suavecita, le abro los ojos y sin querer uno se mete para adentro. Quiero sacarlo con mi dedo y desprendo la caja donde está el mecanismo que la hace hablar y caminar. 

 

Ahora, no habla, no camina y es tuerta. 

 

Después busco en el placard el vestido y le dibujo unas rayas con el marcador negro.

 

Me pongo el camisón blanco con florcitas, me acuesto con mi abuela y me duermo como un angelito.
 

 

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