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05 de Julio de 2026
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La vida la cambió y eligió volver: la historia de Marcela Beatove

Después de casi toda una vida en Buenos Aires, Marcela Beatove eligió volver a la casa donde nació. Su historia está atravesada por su familia, una profunda transformación personal y el deseo de compartir lo aprendido.

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Por Rocío Germillac y Elisabet Blanco Wegrzyn. 

 

 

 

 

Hay lugares que nunca dejan de habitarnos. Para Marcela Beatove, ese lugar tiene una dirección precisa: la casa donde nació, en Esquel, y donde hoy vuelve a despertar cada mañana.

 

"Yo nací en Esquel. Nací en esta casa. Que no era así, pero en esta casa nací. Amo este lugar", dice con una sonrisa que parece resumir toda una vida.

 

A los 18 años dejó la ciudad para instalarse en Buenos Aires. Allí estudió, trabajó, formó una familia junto a su esposo y nacieron sus hijos, Celeste y Ricky. Pero nunca terminó de irse.

 

"Siempre vine mucho a Esquel", recuerda. Sus hijos crecieron entre dos mundos: nacidos en la gran ciudad, pero convencidos de que también pertenecían a la cordillera. "Ellos nacieron en Buenos Aires. Pero en Buenos Aires pensaban que eran de acá. Y ellos se sienten de acá también."

 

 

 

Una infancia de puertas abiertas

 

Cuando habla de su niñez, aparecen los patios compartidos, las calles sin televisión, los vecinos que entraban y salían de las casas como si fueran familia y un barrio donde todos se conocían.

 

"Jugábamos en los patios, en las casas y en la calle", recuerda.

 

Su padre fue una figura profundamente presente. "Era una persona que tenía muchas ocupaciones... pero siempre tenía tiempo y nunca estaba cansado", nos cuenta.

 

De su madre heredó la curiosidad intelectual: "Era una genia de la matemática, de la botánica, de la historia... Nos enseñó a estudiar, nos enseñó a ser muy lectores."

 

En esa casa también vivían una hermana, una prima que se convirtió en otra hermana y una abuela maestra que transformaba los juegos en poesía, cultura y aprendizaje.

 

"No había división de clases, todos pertenecíamos de alguna manera. Y eso es re lindo", resume al recordar aquel Esquel donde las familias se unían para construir escuelas, clubes o proyectos comunes.

 

 

 

El cambio que transformó todo

 

Durante muchos años ejerció la docencia, una profesión que recuerda con especial cariño. "La docencia me encantó", afirma.

 

Su forma de enseñar ya estaba atravesada por una mirada distinta:"No corregir desde el error, sino de: 'A ver, veamos, ¿cómo hacemos para que vos entiendas esto?'"

 

Pero hubo un momento que cambió el rumbo de su historia. Una enfermedad la obligó a detenerse y empezar una búsqueda mucho más profunda. "Cuando apareció ese problema en mi vida, yo hice un cambio grande", cuenta.

 

No habla solamente de modificar hábitos. Habla de revisar la manera de pensar, de sentir y de vivir: "No podés seguir siendo la misma, no podés seguir pensando de la misma manera... el cambio es estructural."

 

A partir de esa experiencia comenzó a explorar distintas disciplinas vinculadas al desarrollo personal: Reiki, medicinas complementarias, Programación Neurolingüística y Counseling. Hace ya 26 años que acompaña procesos de transformación.

 

"Lo que me funciona, kiosco, compro. No soy tan dogmática, tengo una cosa mucho más práctica", asegura. 

 

 

 

Aprender a mirar hacia adelante

 

Quienes participan de sus cursos suelen encontrarse con una mujer que habla de neurociencia, lenguaje, emociones y espiritualidad, pero también de humor.

 

Después de atravesar la enfermedad comprendió que había algo que necesitaba recuperar: "Entendí que yo tenía que recuperar el buen humor. La alegría. Porque si estamos acá, estamos para estar alegres."

 

Entre las ideas que comparte hay frases que repite como pequeñas brújulas para la vida: "Solo hablo de lo que quiero que pase."

 

Y otra que resume su manera de enfrentar los conflictos: "Para que haya una pelea hay dos que se suban al ring. Si hay uno que se bajó, no hay pelea."

 

No niega el dolor ni las pérdidas. Pero propone otra pregunta: "Atrás de cada una de esas cosas hay algo que tenés que estar curioso de saber: ¿para qué pasó esto?".

 

 

 

El regreso

 

La pandemia terminó de confirmar algo que venía imaginando desde hacía tiempo: su trabajo podía hacerse desde cualquier lugar. Entonces empezó a organizar el regreso: "Hace unos años yo vine pensando en volver a vivir a Esquel... y lo concreté. Acá estoy."

 

Antes de instalarse definitivamente ya viajaba una vez por mes para dictar cursos. En ese tiempo descubrió otra ciudad: la de quienes habían elegido Esquel para vivir: "Fue hermoso encontrarme con tanta gente que ama este lugar, que eligió este lugar para vivir."

 

Hoy siente que su familia también creció gracias a esos nuevos vínculos.

 

 

 

Un corazón que vuelve a casa

 

Hay una imagen que aparece una y otra vez cuando intenta explicar qué significa Esquel para ella.

 

No habla de paisajes ni de montañas. Habla de una sensación: "Cada vez que yo venía... cuando uno llega y pasa antes de la portada, que se empiezan a ver las casitas de Esquel... esa sensación... a mí se me ensancha el corazón."

 

Quizás esa sea la definición más sencilla del hogar.

 

 

 

Vivir como un festejo

 

Cuando se le pregunta qué huella le gustaría dejar, sorprende con la respuesta: "No sé si me gustaría dejar huellas. A mí me gusta transitar e ir adelante."

 

Lo que sí espera transmitir tiene que ver con la forma de vivir: "La mejora continua, ser personas de conectarse con el amor, con la calma, con la plenitud, con la sonrisa."

 

Está convencida de que el verdadero trabajo empieza por la conversación que cada uno mantiene consigo mismo. "Con lo que más hay que trabajar es con la forma en que nos comunicamos con nosotros mismos", dice con confianza. 

 

Y antes de terminar la charla deja una reflexión que sintetiza el recorrido de toda su historia: la niña que jugaba en las calles de Esquel, la madre que crió a sus hijos en Buenos Aires, la mujer que transformó una crisis en un nuevo propósito y la vecina que eligió volver: "Todos los días cuando te levantás y podés hacer algo, ¿qué te importa si hace frío o si llueve? ¡Vamos!, que esa es la vida... Todo el tiempo que estemos acá, porque tenemos un tiempo finito, que sea un festejo. La vida es re linda, aprovéchenla."

 

 

 

Nuestro más sincero agradecimiento a Marcela por la charla y las palabras. Ha sido un placer escucharla. 

 

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