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15 de Mayo de 2026
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Dijeron que murió de un paro, pero tenía un tiro en la cabeza: limpiaron la sangre y escondieron un rifle

Era un expolicía de 67 años. Sus familiares denunciaron el fallecimiento por causas naturales pero la causa dio un giro inesperado. También hay médicos y agentes bajo sospecha. 

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La muerte de un hombre de 67 años en la localidad de Las Heras generó un fuerte impacto y mantiene en alerta a la Policía de Santa Cruz y a la Justicia provincial. El caso, que inicialmente fue interpretado como un presunto fallecimiento por causas naturales, dio un giro drástico luego de que la autopsia confirmara que la víctima tenía un disparo en la cabeza.

 

El hombre —un policía jubilado— fue hallado sin vida dentro de su vivienda, donde convivía con su pareja. Cerca de las 20 horas de este jueves, efectivos policiales fueron alertados sobre el deceso y, al arribar al domicilio, encontraron a la víctima sentada ya sin signos vitales y sin signos evidentes de violencia.

 

Fuentes ligadas a la investigación señalaron que el cuerpo presentaba rigidez cadavérica. En la escena no había rastros de sangre ni indicios compatibles con una muerte violenta. Tampoco se encontró ningún arma de fuego en el lugar. En ese contexto, uno de los médicos que intervino en primera instancia indicó “de palabra que el hombre habría sufrido un paro cardíaco.

 

Sin embargo, un segundo profesional médico consideró que existían elementos suficientes para catalogar el caso como una “muerte dudosa”, situación que motivó la intervención de la Justicia y la inmediata orden de realizar una autopsia.

 

El resultado del procedimiento forense cambió por completo el rumbo de la investigación. Cerca de 24 horas después del hallazgo, el médico forense detectó que el hombre tenía una bala alojada dentro del cráneo. El disparo poseía orificio de entrada, pero no de salida.

 

A partir de ese momento, la causa tomó otra dimensión. La Policía volvió a tomar testimonios a la pareja del fallecido y a unos inquilinos del matrimonio. Allí surgió un dato clave: admitieron haber limpiado la escena antes de la llegada de los efectivos porque -según sus propios dichos- pensaron que “la Policía iba a tardar mucho”.

 

Ese elemento encendió aún más las alarmas de los investigadores, principalmente porque en el domicilio no se hallaron manchas de sangre ni el arma presuntamente utilizada. En un primer momento no se descartó la hipótesis de un suicidio, pero con el avance de las actuaciones comenzó a tomar fuerza la sospecha de que el rifle podría haber sido ocultado tras el fallecimiento.

 

La intervención de los primeros policías en la escena quedó en el foco de atención, así como también el accionar del primer médico. Si bien el hombre fallecido no tenía un orificio de salida en el cráneo, ninguno notó nada extraño y de no haber sido por el segundo profesional que se negó a firmar el certificado de defunción como paro cardíaco, no se habría realizado ninguna autopsia y hoy no existiría investigación.

 

La causa es instruida por el juez Eduardo Quelín, titular del Juzgado de Instrucción de Las Heras, y desde este jueves también trabaja en el caso la División de Investigaciones (DDI). Durante la tarde se realizó un allanamiento en la vivienda donde ocurrió el hecho y se secuestraron teléfonos celulares y otros elementos considerados de interés para la investigación.

 

Por estas horas, el hermetismo es total. Los investigadores buscan reconstruir qué ocurrió dentro de la casa y establecer si se trató de un suicidio, un accidente o un posible homicidio encubierto. No se descarta que en las próximas horas pueda haber nuevas medidas judiciales e incluso definiciones clave sobre la situación procesal de las personas que estuvieron en la vivienda.

 

 

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