La muerte de Matías Vilchez, un marinero marplatense de 37 años, desató una fuerte investigación judicial que pone bajo la lupa el accionar del capitán de un barco pesquero y de un médico de la Prefectura Naval Argentina. El trabajador falleció el pasado 25 de abril en altamar, luego de permanecer durante horas con un grave cuadro de salud que, según denuncia su familia, no recibió la atención adecuada ni una evacuación urgente.
La causa quedó en manos del fiscal federal Carlos Martínez, quien investiga un presunto caso de abandono de persona seguido de muerte. En el expediente aparecen señalados el capitán del buque pesquero Don Nicola, Diego Bosich, y el médico Alejandro Sergio Nardelli, quien intervino mediante una consulta radial desde Prefectura.
Vilchez había embarcado el 18 de abril desde el puerto de Mar del Plata como parte de la tripulación del Don Nicola. Seis días después, mientras el pesquero navegaba en altamar, comenzó a sufrir fuertes dolores en el pecho. Con el correr de las horas, su estado se agravó dramáticamente: presentó vómitos con sangre, diarrea con restos hemáticos, intensos dolores y síntomas neurológicos.
De acuerdo con la reconstrucción judicial, tras una comunicación radial con Prefectura se indicó un tratamiento inicial y se recomendó el regreso inmediato a puerto ante la sospecha de un cuadro sincopal. Sin embargo, la situación continuó empeorando y el marinero terminó muriendo a las 6 de la mañana del 25 de abril, solo en su camarote. La autopsia realizada posteriormente determinó que la causa del fallecimiento fue un paro cardíaco provocado por un aneurisma en la arteria pulmonar.
Durante las horas previas a su muerte, Vilchez mantuvo contacto permanente con su esposa, Romina Mangione, mediante mensajes y audios que hoy forman parte de la investigación judicial.
“Me agarró un preinfarto, avisale a mi mamá, vayan a Prefectura”, fue uno de los primeros mensajes que recibió la mujer. Más tarde llegaron otros aún más desesperantes: “Me estoy muriendo, manden un helicóptero”.
Mangione relató que acudió inmediatamente a Prefectura junto a la madre del marinero buscando respuestas. “A las cuatro de la tarde me dijeron que era un síncope. Yo intenté tranquilizarlo y le escribí que al otro día lo esperaba en el muelle”, recordó.
Pero durante la madrugada el cuadro empeoró todavía más. El último mensaje que recibió decía que se le había dormido la pierna derecha, un síntoma que ahora también es analizado por los investigadores.
La viuda sostiene que el marinero pasó gran parte de la noche sin asistencia y que incluso habría sufrido malos tratos y burlas por parte de algunos integrantes de la tripulación.
El abogado de la familia, Leandro Laserna, aseguró que Vilchez sufrió “17 horas de agonía y abandono” y cuestionó duramente que no se haya realizado una aeroevacuación de emergencia.
Según explicó el letrado, si se hubiese cumplido de inmediato la indicación de regresar a puerto, el barco habría tardado entre tres y cinco horas en llegar, aumentando considerablemente las posibilidades de asistencia médica y supervivencia.
Uno de los puntos más sensibles de la causa es precisamente la diferencia entre el diagnóstico inicial realizado en altamar y el resultado de la autopsia. Mientras en un principio se habló de un síncope y luego de una hemorragia digestiva, finalmente se confirmó una grave afección cardiovascular.
El arribo del Don Nicola al muelle Deyacobbi estuvo cargado de dramatismo. Los familiares de Vilchez se enteraron allí mismo de la muerte del marinero y se vivieron momentos de tensión cuando allegados intentaron enfrentar al capitán del barco.
Según trascendió, el capitán se atrincheró en el puente del pesquero mientras intervenían efectivos de Prefectura Naval, representantes del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) y miembros de la agencia marítima Merlini, operadora del buque.
Matías Vilchez llevaba casi veinte años trabajando como marinero. Dentro del Don Nicola cumplía tareas de “abarrote”, acomodando cajones en la bodega, aunque también colaboraba en otras funciones de la embarcación.
Su entorno lo conocía como “Oaki” y describen a un hombre apasionado por el mar y por su familia. Había contraído matrimonio con Romina en diciembre de 2025 y proyectaba seguir creciendo profesionalmente: en junio iba a comenzar sus estudios para convertirse en capitán.
“Me rompieron la vida. Era mi otra mitad”, expresó su esposa con profundo dolor. “Teníamos proyectos, queríamos poner una rotisería. Lo único que pido es que esto se investigue y que haya médicos en los barcos”.