Cuba vive hoy un colapso que no necesita proclamarse: se mide en personas que se van. Una población envejecida y un éxodo doloroso e imparable es la realidad que atraviesa a toda la sociedad, protagonista de uno de los mayores procesos migratorios de toda América en tiempos de paz, comparable solo con países en guerra.
Sin embargo, Cuba no está en guerra. La isla simplemente no ofrece futuro. Nunca antes, en más de seis décadas de dictadura, había salido tanta gente en tan poco tiempo. Se van jóvenes, profesionales, médicos, ingenieros, familias enteras. Se van incluso quienes defendieron el sistema. No emigran por ambición: emigran porque quedarse se volvió inviable.
Cuando un país expulsa a su población activa, no está atravesando una crisis pasajera: está fallando como proyecto nacional. El Estado ya no puede garantizar lo básico. Los apagones paralizan ciudades durante horas interminables, la comida escasea, las medicinas faltan y el salario perdió todo valor real. El transporte casi no existe. En ese contexto, el propio gobierno vuelve a mencionar la “opción cero”: la posibilidad de funcionar prácticamente sin combustible, reduciendo el país a servicios mínimos. No es una amenaza externa: es una confesión. La dictadura sigue en pie, pero gobierna un país cada vez más vacío.
El consenso social se quebró y fue reemplazado por resignación o huida. Las protestas de 2021 demostraron que el miedo ya no basta; la represión demostró que el poder solo sabe responder con fuerza. Desde entonces, la salida masiva fue la respuesta más clara. No hay propaganda que tape este dato: la mayor fuga humana de la historia cubana está ocurriendo ahora. Y ningún sistema político sobrevive indemne cuando su pueblo vota con los pies.
Cuba no necesita que le anuncien el colapso: el colapso se ve en aeropuertos llenos (no de turistas), casas vacías y generaciones que crecen fuera.
Las últimas decisiones del régimen no buscan revertir la crisis, sino administrarla y trasladar el costo a la población. Un país puede resistir la escasez, pero no sobrevive si se queda sin gente y única oferta disponible es el miedo y la resignación.
L.M.