Por Carlos Buduba
Ing. Forestal.
La actual discusión sobre la “responsabilidad” de los pinos en los incendios de la Patagonia es como discutir qué combustible tiene la mayor responsabilidad ante un posible incendio en una estación de servicio dentro de un centro urbano.
Seguramente la inflamabilidad del gas oil, la nafta común y la nafta súper sean diferentes. Pero es indudable que todos son buenos combustibles para iniciar, propagar y destruir una estación de servicio, incluido todo el vecindario.
En un incendio forestal, el problema no es el “octanaje”, en este caso la presencia de ciertos compuestos (resinas, aceites), sino la cantidad de combustible y como incide en el comportamiento del fuego.
Para prevenir los incendios forestales, la clave está en el combustible y en cómo manejar el mismo antes del incendio. En el caso de las estaciones de servicio un incendio es posible, pero hay innumerables medidas de seguridad que hacen poco probable este tipo de situaciones por la forma en que se maneja el combustible. En el caso del bosque el fuego es posible y probable, porque el combustible se incrementa año tras año y manejarlo implica un cambio de paradigma. Comenzar a ver el bosque nativo e implantado, no sólo como paisaje o producción, sino como combustible.
Para el bosque, el secreto también está en el manejo del combustible. Manejo que tiene sus técnicas, basadas en los conocimientos generados por la Ciencia Forestal. Básicamente son: disminuir la continuidad del material leñoso con poda y raleo, educando a los habitantes que conviven con el bosque de los riesgos ambientales. También permitir la extracción de leña, chipear, fomentar el uso de las quemas prescriptas y mejorar la accesibilidad. En lugares donde es necesario resguardar infraestructura estas medidas son esenciales y de fácil aplicación. Fácil pero no barato. Aunque comparado con las pérdidas y el gasto poco planificado efectuado en cualquier incendio de gran magnitud, el aspecto económico se pone en duda.
El manejo en lugares de bosque nativo continuo, sin interfase, sin accesos, tiene soluciones más difíciles, sin olvidar que el fuego es parte de los factores que modelan en el tiempo el Bosque Andino Patagónico. Acá el verdadero problema es la recurrencia del fuego por acción del hombre (negligencia, intencionalidad), que acorta el tiempo entre dos incendios para un mismo lugar, en un contexto de mayor temperatura y menor humedad.
¿Una plantación de pino es más peligrosa que una masa boscosa de especie nativa? Puede ser que sí, puede ser que no. La respuesta está en el manejo, no en la especie. Hay combustible disponible listo para propagar el fuego, entonces no importa la especie. Por algo el Bosque Andino Patagónico, sin la presencia de un solo pino en kilómetros a la redonda, puede quemarse de manera incontrolable en un parque nacional. El radal, el espino negro, el ciprés de la cordillera, por nombrar algún ejemplo de especie nativa (latifoliada y conífera), seguramente son igual o más inflamables que los pinos. Tener un bosque sin manejar de ciprés de la cordillera junto a una población, es más preocupante que tener pino manejado.
Los pinos tienen su presencia en la región para dar respuesta a diversos problemas socioeconómicos. Pueden ser una alternativa para devolver la productividad a miles de hectáreas degradadas por más de 100 años de desmanejo de la ganadería extensiva. Pueden generar riqueza genuina, mano de obra, arraigando población en lugares en donde el hombre ha generado pobreza. La presencia del pino en la estepa asegura la protección del suelo contra la erosión (último estado antes de la nada) en donde otras especies nativas no lo pueden lograr por no tener un rol recolonizador. El pino puede favorecer la expansión del bosque nativo al recuperar el ambiente de bosque en una primera rotación. El pino puede disminuir el aprovechamiento del bosque nativo por proveer productos madereros y no madereros. El pino puede ayudar a mitigar los efectos del cambio climático al capturar carbono. También puede complementar las actividades agropecuarias, brindando protección contra las condiciones climáticas adversas. Puede mejorar la calidad de vida de la población con reparo y leña. El pino puede otras tantas cosas.
La Ciencia Forestal en la Región Andino Patagónica siempre estuvo preocupada por generar conocimiento para mitigar los aspectos no deseados de las plantaciones de pino y potenciar sus beneficios. Durante los últimos 30 años ha generado innumerables documentos puestos a disposición de la sociedad y los decisores políticos. No hay ningún otro sector que se sustente en el aprovechamiento de los recursos naturales (ganadería, agricultura, pesca, turismo) que haya realizado el ejercicio de pensar en estas cosas antes de proponer su implementación a escala. Lo más habitual es siempre ir detrás de los problemas generados buscando soluciones.
El problema no es el pino, el problema es el hombre que no sabe manejar una herramienta que le permite corregir sus errores del pasado. En definitiva, el pino no es el culpable.
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