Por Lelia Castro
El uniforme llegó a la vida de Camila Galindo como una elección atravesada por la entrega, el aprendizaje y la voluntad de asistir a otros en momentos críticos. Su recorrido dentro del cuartel comenzó en 2016, cuando inició la formación para convertirse en bombera voluntaria, sin imaginar todo lo que vendría después.
Al año siguiente enfrentó uno de los episodios más difíciles de su historia familiar. Mientras su padre atravesaba una delicada enfermedad, llegó una pérdida que marcaría profundamente su vida: falleció el 10 de junio de 2017. Apenas unos días más tarde, decidió ingresar formalmente al cuartel, abrazando una tarea que, desde entonces, pasó a ocupar un lugar central.
A partir de allí comenzaron las guardias, las capacitaciones, las emergencias y la responsabilidad de acudir cuando una alarma rompe la tranquilidad cotidiana. Incendios, siniestros viales y situaciones complejas forman parte de una labor que exige preparación, firmeza y sensibilidad.
Tiempo después llegó otra transformación decisiva: la maternidad. El 2 de junio nació Theo, una fecha cargada de significado para la familia al coincidir con el Día del Bombero Voluntario. Para sus seres queridos, ese momento quedó asociado a algo profundamente simbólico, uniendo dos aspectos fundamentales de su vida: el amor por su hijo y el compromiso con la comunidad.
En 2024 debió alejarse temporalmente de la actividad debido a cuestiones laborales. Sin embargo, quienes comparten su día a día aseguran que nunca desapareció aquello que la moviliza: la emoción ante cada llamado, el deseo de colaborar y el sentido de pertenencia permanecieron intactos hasta concretar su regreso.
Detrás de cada integrante del cuerpo activo también existe una red afectiva que acompaña desde el silencio. Su mamá, sus hermanos y, especialmente, Theo atraviesan cada salida con sentimientos encontrados: orgullo, expectativa y preocupación frente a escenarios imprevisibles.
Aun así, hay algo que permanece firme. Según cuenta su familia, antes de cada intervención la encomiendan a las manos de Dios, pidiendo resguardo, serenidad y un regreso seguro. La fe se transforma entonces en refugio mientras esperan noticias después de cada servicio.
La historia de Camila Galindo refleja el recorrido de muchas mujeres bomberas de la Argentina, de la provincia y de la comunidad. Mujeres que sostienen hogares, trabajan, crían hijos, estudian y, al mismo tiempo, encuentran fuerzas para responder cuando otros necesitan ayuda.
En este Día del Bombero Voluntario, el reconocimiento también alcanza a todas ellas: mujeres bomberas que enfrentan situaciones extremas, atraviesan largas jornadas y convierten la solidaridad en un compromiso cotidiano. Detrás de cada casco existe una experiencia marcada por la valentía, el esfuerzo y una profunda decisión de servir.