Se cumplieron 52 años del descubrimiento del Macá Tobiano, una especie de ave única en la Patagonia Austral. Fue identificada por primera vez en 1974 por Mauricio Rumboll y Eduardo Shaw en la Laguna de Los Escarchados, en la provincia de Santa Cruz. Si bien su hallazgo marcó un hito para la ornitología, el descenso abrupto de su población en las últimas décadas encendió las alarmas y dio inicio a un intenso trabajo de conservación.
En sus inicios, los monitoreos indicaban que la población se encontraba en buenas condiciones. Sin embargo, en 2009 los expertos advirtieron una caída drástica: de una población estimada de hasta 5.000 individuos, el número descendió a menos de 800.
El declive de la especie responde a una compleja combinación de factores naturales y humanos que impactan directamente en su entorno.
En primer lugar, el cambio climático y las sequías severas han provocado una notable reducción de las lagunas donde nidifican. A esto se suman los fuertes vientos patagónicos, que destruyen con frecuencia sus nidos flotantes y dificultan su reproducción.
Por otro lado, la introducción de especies invasoras altera gravemente el ecosistema. El visón americano representa una amenaza directa para los adultos y las crías, mientras que las truchas sembradas en los espejos de agua deterioran la calidad de su hábitat natural.
Finalmente, la proliferación de la gaviota cocinera constituye otra de las grandes amenazas para la supervivencia de la especie. El crecimiento de los asentamientos humanos y el deficiente manejo de los residuos han favorecido la expansión de esta ave, la cual se alimenta de sus huevos y agrava su vulnerabilidad.
Para revertir esta situación, un equipo de investigadores de la Fundación Macá Tobiano y el CONICET, junto con la Fundación Bariloche, puso en marcha un plan integral en 2012.
Las acciones incluyeron el control de la población de visones, la reducción de truchas en los espejos de agua y un control reproductivo de las gaviotas. Además, implementaron un protocolo de cría artificial para los huevos que se pierden en la naturaleza, logrando reintroducir ejemplares juveniles.
El otoño pasado, las abundantes lluvias mejoraron los niveles de agua en las lagunas, permitiendo que un grupo de 100 juveniles emprenda la migración invernal. Aunque la población aún no muestra un crecimiento sostenido, los científicos valoran haber logrado frenar la caída y estabilizar la especie en la región.