05 de Abril de 2026
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"Correr me salvó la vida"

Hay historias que no empiezan en una línea de largada, sino en una infancia sencilla y un descubrimiento casual. La de Verónica “Pitu” Ramírez es una de esas: una vida marcada por el deporte y la constancia.

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Por Rocío Germillac y Elisabet Blanco Wegrzyn. 

 

 

 

Los primeros pasos: una vuelta a la escuela que cambió todo

 

“Mi nombre es Verónica Ramírez, nací el 26 de junio del 76. Este año cumplo 50”, cuenta. Su historia empieza en el barrio Estación y continúa en el Sargento Cabral, donde transcurrió su infancia escolar.

 

Pero hay un momento que marca un antes y un después. Lo recuerda con claridad: “Estábamos en cuarto grado, hicimos una carrera alrededor de la escuela y yo gané la carrera”.

 

Ese día, su profesor de educación física, Jorge Maciel, le hizo una propuesta que encendió algo que nunca más se apagaría: “¿No querés venir a la escuela municipal de atletismo?”, le preguntó.

 

Ahí nació todo. No solo el atletismo, sino una relación profunda con el movimiento: “No solamente el atletismo, me gustaba todo lo que tenía que ver con el deporte, o sea, amaba educación física”.

 

 

 

Correr sin ganar: el verdadero aprendizaje

 

Aunque hoy su nombre está asociado a podios y triunfos, sus comienzos fueron muy distintos: “Yo nunca estaba ni primera ni segunda, siempre llegaba cuarta, a veces quinta, sexta, a veces última”.

 

Pero lejos de frustrarse, encontró en el deporte algo más importante: “Lo que más me gustaba era que hacía amigos y que era la única manera que yo tenía en ese momento de conocer otros lugares”, recuerda con nostalgia. 

 

Viajar a competir era, en sí mismo, un logro: “Decía, bueno, Trelew ya era como ir a competir, ahí ya era toda una anécdota para nosotros”. Para Verónica correr no era ganar. Era descubrir el mundo, construir vínculos y, sobre todo, crecer.

 

 

 

“Correr me salvó la vida”

 

Con el tiempo, esa práctica se volvió algo más profundo, casi una filosofía: “Siempre digo: correr me salvó la vida”. Y no lo dice como una frase hecha, sino como una verdad construída en momentos difíciles: “En circunstancias difíciles busqué el deporte para cualquier solución que necesitaba para mi vida… no escapando, sino buscando ese momento de encontrarme conmigo misma”, nos cuenta.

 

Las dificultades —familiares, personales, separaciones— encontraron en el deporte un sostén: “Creo que esa es mi frase de siempre. Correr me salvó la vida porque en los momentos duros también me ayudó y me sacó adelante”.

 

 

 

De no hacer podio a ganar carreras

 

El gran giro llegó años después, entre 2009 y 2010: “Es como que mi carrera deportiva hace como una escalada… empiezo a ganar las carreras en la mayoría de la zona”.

 

Ese cambio no fue solo deportivo, sino también interno: “Transformarme en esa Vero de cuando era chica… y empezar a estar en los primeros lugares”. Aun así, no fue fácil asumirlo: “A uno le cuesta como hablar de uno en positivo”, reconoce con humildad.

 

Hoy, con otra perspectiva, lo puede decir con orgullo: “Siento orgullo de lo que logré, de lo que fui, de lo que transmití”.

 

 

 

El otro desafío: dejar de ser la primera

 

El deporte también le enseñó a soltar: “Después ya es un momento en que estás ahí… y empieza como ese momento de decir, bueno, ¿y ahora qué hago?”

 

Volver a un lugar sin podio la llevó a replantearse todo: “Vuelvo a estar en ese lugar de cuando lo disfrutaba, de cuando la pasaba bien, de cuando hacía amigos”.

 

Hoy atraviesa ese proceso con honestidad y la tranquilidad de quien se sabe triunfador: “Lo estoy trabajando mucho… lo que más me llena el corazón son los mensajes de la gente”.

 

 

 

Ser mujer en el deporte: una carrera paralela

 

A lo largo de más de 40 años corriendo, fue testigo de cambios profundos: “Recuerdo algunas carreras donde premiaban al varón con tanta plata y a la mujer con un par de medias”, recuerda con tono de denuncia.

 

La desigualdad era naturalizada, pero ella también fue parte del cambio. Hoy, reconoce, si tiene que intervenir en situaciones de injusticia, lo hace sin pensarlo dos veces.

 

Además, reconoce una fortaleza particular en cada mujer que tiene que equilibrar toda una vida en el hogar junto al deporte. 

 

 

 

Entrenar, trabajar, maternar: el equilibrio posible

 

La vida de Verónica nunca fue solo correr. También fue docente, madre y sostén de su familia: “No fue fácil… intentaba como tratar de no dejar de lado ni una cosa ni la otra”.

 

Recuerda especialmente los esfuerzos cotidianos: “Me levantaba a las 5 de la mañana… entrenaba… llegaba, me bañaba y a las 7 tenía que estar en la escuela”. Y también las limitaciones materiales: “Un par de zapatillas para trabajar, ese mismo par de zapatillas para entrenar y ese mismo par de zapatillas para correr”.

 

Nada fue sencillo, pero siempre hubo un motor y mucha fuerza de voluntad: “Tenía un objetivo. Entonces, nada es fácil, nada es gratis”.

 

 

 

"Corre Vero": sembrar lo que aprendió

 

Con el tiempo, esa experiencia se transformó en algo colectivo: su grupo de entrenamiento. “No me animaba a empezar… todos me decían, tenés que armar un grupo”, recuerda.

 

Así nació “Corre Vero”, que hoy reúne a decenas de personas: “Hoy tengo más de 30 alumnos… en su mayoría son mujeres”.

 

No se trata de élite, sino de procesos personales: “No es que son deportistas elite… cada uno tiene lo suyo”, cuenta. Ahí Verónica transmite lo esencial: “Qué importante hoy la salud, el deporte… para nuestra vida”.

 

 

 

La docencia: otra pasión

 

Además del atletismo, hay otra pasión que atraviesa su vida: la escuela. “También la docencia ha sido mi pasión”, reconoce. 

 

En especial, su vínculo con la Escuela 758: “Es mi casa”. Verónica define ese espacio con emoción: “Nuestra escuela es eso, de creadores, de soñadores, la música, el arte”.

 

Y también valora profundamente su trabajo con adultos: “Esa oportunidad que se les da al terminar el secundario… es tan gratificante”.

 

 

 

Un mensaje final: animarse

 

Si hay algo que resume su recorrido, es una invitación simple pero poderosa: “La primera palabra es animarse”. Pero no alcanza solo con eso: "Después hay que tener voluntad también… salir de ese lugar en el que estoy cómodo”.

 

Porque, como demuestra su historia, todo camino —sea correr, estudiar o empezar de nuevo— implica esfuerzo y, sobre todo, confiar: “Hay cosas que uno, si las trabaja, las puede lograr”.

 

 

 

Agradecemos a Verónica por esta charla tan amena y enriquecedora. 

 

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