La aridez del cemento institucional ha cedido su lugar a una narrativa visual que une la cordillera con el mar. En una iniciativa que desafía la frialdad habitual de los espacios judiciales, el Juzgado de Familia de Puerto Madryn se transformó recientemente en el escenario de una intervención artística cargada de simbolismo. Este proyecto, que surge de la labor académica y social de estudiantes de la Tecnicatura Superior en Gestión Cultural del Instituto de Formación Docente N° 818 "Marta Sottile" de Trevelin, busca derribar los muros invisibles que separan a la ciudadanía de las instituciones encargadas de su protección.
La obra es el resultado de un proceso de prácticas profesionales liderado por las estudiantes Katia Sarsa Williams y María Silvina Ocampo, bajo la guía docente de los licenciados Andrés Jorgensen y Estefanía Feliz. Lo que comenzó como un proyecto de aula se materializó en un puente territorial que trasladó el impulso creativo desde el interior de la provincia hasta la costa atlántica entre finales de febrero y principios de marzo. La premisa fundamental de este equipo fue clara desde el inicio: el arte no debe funcionar como un simple ornamento estético, sino como una herramienta política y social capaz de resignificar el concepto de justicia.
A diferencia de otras intervenciones que centran su discurso exclusivamente en la denuncia de la violencia, este mural apuesta por una estética de la ternura y el cuidado colectivo. La intención de las autoras es que el edificio sea percibido como un territorio de resguardo y ejercicio de derechos, un espacio donde la comunidad pueda reconocerse y sentirse amparada. Esta visión se nutrió de un ejercicio de democracia participativa que sumó el respaldo institucional de la Ministra del Tribunal Superior de Justicia del Chubut, la Dra. Camila Banfi Saavedra, y la colaboración activa de organizaciones sociales y vecinos que aportaron sus manos al trazado de la obra.
Inspirados en la filosofía del artista Siah Armajani, los participantes evitaron la creación de monumentos distantes o inaccesibles. En su lugar, optaron por una propuesta humana y vinculada a la realidad cotidiana de las mujeres y las familias de la región. Esta acción representa la culminación de un recorrido iniciado en 2024, mediante el cual las estudiantes han promovido procesos culturales con perspectiva de derechos en distintos puntos de Chubut. Con esta nueva fachada, el Juzgado de Familia deja de ser un lugar de trámites para convertirse en un recordatorio permanente de la memoria activa y la sororidad como pilares de una justicia más cercana.
E.B.W.