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28 de Marzo de 2026
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Maximiliano Ulloga: "Se me prendió la lamparita"

La historia de un joven que sale todas las noches a repartir  pedidos, ganándose unos pesos más, pero también algo mucho más importante: la dignidad de seguir intentando.

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Por Lelia Castro.

 

En tiempos donde la incertidumbre golpea y muchas veces parece que no hay salida, hay historias que invitan a creer.

 

La de Maximiliano Ulloga es una de ellas. Nacido y criado en Esquel, en una familia trabajadora, aprendió desde chico el valor del esfuerzo. Hijo de un panadero y de una madre ama de casa, junto a sus hermanos creció con una enseñanza clara: laburar siempre para estar un poco mejor.

 

Hoy, con dos hijos —Luz Serena y el pequeño Ignacio—, Maximiliano sostiene esa misma filosofía de vida. Hace más de dieciséis años es carnicero, un oficio que no solo le dio sustento, sino también identidad. Pero en un contexto donde muchas veces el trabajo no alcanza, decidió no quedarse quieto.

 

Hace apenas dos semanas, arriba de una bicicleta y casi sin pensarlo demasiado, empezó un nuevo camino. Todo nació de una situación simple: un mandado, un helado, una oportunidad. “Se me prendió la lamparita”, cuenta. Y desde entonces, sale todas las noches a recorrer la ciudad, llevando pedidos, ganándose unos pesos más, pero también algo mucho más importante: la dignidad de seguir intentando.

 

Su rutina no es fácil. Trabaja de lunes a lunes. De día en su oficio, y de noche como bici mandado, desde las 22 hasta la madrugada. Sin embargo, lejos de quejarse, agradece. Agradece a quienes confían, a quienes lo llaman, a quienes le tiran buena onda.

 

“Soy un bendecido”, repite.

 

En ese ir y venir por las calles de Esquel, Maximiliano no solo entrega pedidos. También encuentra un momento para despejar la cabeza, escuchar música y seguir soñando. Porque detrás del esfuerzo diario, hay un objetivo claro: algún día tener su propia carnicería.

 

Pero su historia no es solo personal. También es un mensaje. Un mensaje para quienes dudan, para quienes sienten que no pueden, para quienes están pasando un mal momento.

 

“Si tienen algo pensado, que lo hagan. Que nadie les diga que no. Que confíen y le metan”, dice con convicción.

 

En medio de la crisis, cuando el panorama muchas veces desalienta, aparecen personas como Maximiliano. Personas que no se quedan, que no bajan los brazos, que transforman una idea simple en una oportunidad.

 

Historias que nacen en lo cotidiano, pero que dejan algo mucho más grande: la certeza de que, incluso en los momentos más difíciles, siempre hay quienes apuestan, se reinventan y salen adelante. 

 

(Agradecemos a Maximiliano Ulloga por su tiempo y su generosidad para compartir su historia, y a la Cervecería Amancay por brindar el espacio para poder realizar esta entrevista).

 

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