El asado y los cortes tradicionales siguen perdiendo terreno en la mesa de los argentinos. Según los últimos datos sectoriales, el consumo de carne vacuna sufrió un desplome del 13,8% interanual durante el primer bimestre de 2026, alcanzando cifras que no se veían desde hace 20 años.
El escenario actual refleja un cambio estructural en la dieta y en la industria:
Consumo por habitante: Cayó a 47,3 kilos por año, una cifra lejana a los promedios históricos que superaban los 60 kilos.
Precios en alza: Cortes populares como la paleta, el cuadril y la nalga lideraron las subas con incrementos del 8%. El precio promedio del kilo de asado ya se ubica en los $16.852,4.
Menor mercado interno: Mientras que en 2014 el mercado doméstico absorbía casi el 95% de lo producido, hoy esa cifra cayó al 68%, desplazando el excedente hacia la exportación o reflejando el cierre de plantas.
La baja en la demanda interna no solo afecta al mostrador, sino también a la cadena productiva. Frigoríficos exportadores nucleados en el Consorcio ABC han comenzado a aplicar suspensiones y despidos. Un caso testigo es el de Arrebeef, que recientemente suspendió a cerca de 400 trabajadores contratados debido a la inestabilidad del sector.
La "sustitución" es el factor muy influyente. Ante la pérdida de poder adquisitivo, las familias argentinas han volcado su consumo hacia proteínas más económicas. El pollo se ha consolidado como la principal competencia, ganando el espacio que la carne vacuna deja vacante por sus altos costos relativos.
M.G