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La historia de Raúl Becerra, el hombre del pan con chicharrón que ya es parte de la Ruta 40

Hace casi tres años vende pan con chicharrón a la vera de la Ruta 40 en El Hoyo. Con constancia y trabajo diario, su puesto se volvió una parada habitual para muchas personas.

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¿Quién no frenó alguna vez en la Ruta Nacional 40 para comprar un pan con chicharrón recién hecho antes de seguir camino? ¿O al menos saludó al pasar temprano rumbo al trabajo o a la escuela?

 

En El Hoyo, esa escena cotidiana tiene nombre propio: Raúl Becerra. Con su puesto a la vera de la ruta, se convirtió en uno de esos personajes que forman parte del paisaje y de la identidad del pueblo.

 

Un puesto que nació en plena Ruta 40

 

Raúl lleva cerca de tres años vendiendo pan con chicharrón a quienes pasan temprano por la ruta. “Clientes fieles, gracias a Dios. Mucho repartidor, mucho proveedor, mucha gente de laburo que sale temprano a la mañana y saben que el pancito con chicharrón está calentito acá sobre la Ruta 40”, contó.

 

 

Su historia fue rescatada por el portal de la Cooperativa Costelho a través de su espacio de contenidos Flash Costelho.

 

El emprendimiento comenzó aproximadamente durante el Mundial de fútbol de 2022, cuando decidió probar suerte con un pequeño puesto. “Después andaba el loco con la radio en la oreja por la ruta, caminando yendo y viniendo”, recuerda entre risas. 

 

Con el tiempo, la perseverancia fue construyendo una clientela estable.

 

Solo 20 paquetes por día

Hoy el puesto tiene una regla: la producción diaria es limitada. “Con la constancia logramos una clientela, logramos una continuidad de éxito y pusimos un techo. Dijimos, salimos con 20 paquetes diarios, así que los primeros 20 afortunados que llegan a la canasta se llevan el paquetito todas las mañanas”, explicó.

 

Esa simple decisión también mantiene el encanto del lugar: quien llega temprano sabe que puede llevarse uno de los panes calientes; quien llega tarde, tendrá que esperar al día siguiente.

 

 

El secreto no está solo en la receta

Para Raúl, el éxito no depende únicamente del sabor. “Acá el éxito no se logra solamente con la calidad del producto, sino con la constancia. La constancia es el éxito asegurado”, asegura.

 

Pero detrás de cada pan también hay una elección consciente: apostar por el consumo local.

 

Los ingredientes que utiliza provienen del propio pueblo. “Preparo los chicharrones, compro acá en el pueblo, le compro a las carnicerías del pueblo. De ahí me lo llevo hasta la chacra, en la chacra cocino los chicharrones y a la mañana siguiente me levanto y hago el amasijo con toda mercadería que compro acá en la localidad”, explicó.

 

Harina, levadura, carne y condimentos forman parte de un circuito económico que vuelve a la comunidad.

 

 

Personajes que construyen la identidad de la Comarca

Historias como la de Raúl Becerra muestran cómo los pequeños emprendimientos sostienen la vida cotidiana de la Comarca Andina

 

Visibilizar estas historias también es una forma de acompañar el trabajo local. Porque detrás de cada puesto, cada pan caliente y cada saludo al pasar, hay algo más profundo: personas que, con constancia y esfuerzo diario, terminan convirtiéndose en parte del paisaje de la Comarca.

 

 

 

O.P.

 

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