El avance de los incendios en el Parque Nacional Los Alerces ha generado un impacto que trasciende lo ambiental para golpear de lleno el corazón económico de la región. Lucas Rosales, a cargo del camping Rosales Agreste, describe un panorama desolador marcado por la evacuación de los visitantes. El prestador asegura que "fue algo que no se esperaba que fuera de esta magnitud" y añade que "basta con que recorran el parque y van a ver que no quedaron turistas, que se fue todo el mundo".
La decisión de frenar el ingreso de visitantes fue una medida drástica ante la proximidad de las llamas. Rosales relata que en un principio el fuego estaba lejos y nunca creyeron que llegaría hasta allí, pero la situación cambió rápidamente. "La gente se asustó mucho, las llamas se veían de todos lados", explica el responsable, quien tomó la determinación de contactar a sus clientes para que no viajaran porque "no valía la pena mostrar eso" y consideró que "turísticamente no nos colaboraba, no nos servía".
El perjuicio económico es profundo porque las expectativas para este año eran inmejorables. Según Rosales, "la temporada nos partió por la mitad" pese a que se habían dado todas las condiciones climáticas y sociales para recibir mucha gente. Esta proyección llevó a los prestadores a equiparse con más personal y mercadería, una inversión que hoy se traduce en deudas. El prestador lamenta que "estábamos todos muy bien equipados para hacer una buena temporada" y que ahora enfrentan el problema de tener "mercadería venciéndose en las heladeras".
La crisis también pone en tela de juicio el sistema de gestión del área protegida. El responsable del camping sostiene que "la forma de hacer conservación se va a tener que rever en un montón de aspectos porque está claro que el modelo que veníamos teniendo no sirve". Rosales hace hincapié en que no se ha podido hacer la prevención ni la contención. Además, destaca que "la acumulación de la biomasa que tiene el parque nacional los alerces hace que sea imposible apagar un incendio forestal" una vez iniciado.
El futuro para los prestadores de la zona de Futalaufquen es de total incertidumbre. Al haberse perdido enero, los ingresos no alcanzan para cubrir los gastos fijos que siguen todo el resto del año. Rosales advierte que "al no haber trabajado esta temporada más vale que nos compromete para la temporada que viene" porque para volver a abrir se requiere una inversión que hoy parece inalcanzable. La situación laboral es crítica, ya que el prestador confiesa que "en temporada pueden ser siete más o menos" pero que actualmente "algunos ya se fueron para la casa" y solo quedan dos o tres empleados.
E.B.W.