La historia criminal argentina tiene un nombre que resuena con un eco perturbador: Carlos Eduardo Robledo Puch. Un día como hoy, hace más de cinco décadas, la sociedad argentina despertaba con una noticia que parecía extraída de una novela de terror: un joven de rizos rubios y facciones delicadas, hijo de una familia acomodada de Vicente López, era el responsable de una ola de violencia sin precedentes.
La captura de Robledo Puch fue casi fortuita, producto de un descuido fatal. La policía encontró su cédula de identidad en el bolsillo de su última víctima, Héctor Somoza, quien fuera su cómplice. Somoza no había muerto a manos de un extraño, sino del propio Robledo Puch, quien lo asesinó y le quemó el rostro para evitar que lo identificaran.
Al momento de su detención, el "Ángel Negro" tenía solo 20 años recién cumplidos. Sin embargo, su historial ya cargaba con 11 asesinatos, 17 robos, raptos y violaciones. En 1980 fue condenado a reclusión perpetua por tiempo indeterminado, la pena máxima en el país.
Más de 50 años en la oscuridad
Lo que hace al caso de Robledo Puch un hecho único en la jurisprudencia argentina es su permanencia en el sistema penitenciario. Con más de 52 años de prisión efectiva, se ha convertido en el preso que más tiempo lleva encarcelado en la historia argentina, pasando la mayor parte de su vida en el penal de Sierra Chica.
A pesar de sus reiterados pedidos de libertad, la justicia siempre ha considerado que su peligrosidad sigue latente, convirtiéndolo en un enigma viviente de la criminología nacional.
Cine: "El Ángel" de Luis Ortega
Para entender la construcción mítica de este personaje y la fascinación estética que generó su figura en la década del 70, es imprescindible ver "El Ángel" (2018). Dirigida por Luis Ortega, la película no busca ser un documental biográfico exacto, sino una exploración libre y estilizada sobre la amoralidad y el narcisismo de un joven que veía el robo y el asesinato como una forma de arte o un juego eterno.
Con una actuación consagratoria de Lorenzo Ferro y la participación de Chino Darín, el film retrata la extraña mezcla de inocencia visual y ferocidad interna que le valió los apodos de "El Ángel de la Muerte" y "El Ángel Negro".