El 24 de febrero de 1946 no fue una simple jornada electoral; fue el amanecer de una nueva Argentina. Aquel domingo, las urnas ratificaron el clamor que el 17 de octubre ya había anticipado: el pueblo trabajador había encontrado en Juan Domingo Perón al líder capaz de romper las cadenas de la explotación y devolverle la dignidad a la Patria.
El despertar de la conciencia obrera
Bajo la bandera del Partido Laborista, creado por los propios sindicatos, Perón alcanzó la presidencia con el 52,84% de los votos. Fue la victoria de los "descamisados" frente a las élites que pretendían mantener un país para pocos. Este primer gobierno no fue una administración de escritorio, sino la culminación de una revolución social que puso, por primera vez, al trabajador en el centro de las decisiones nacionales.
Conquistas que fundaron una nueva Nación
El legado de aquel primer triunfo se materializó en derechos que hoy son el orgullo de todos los argentinos:
La Justicia Social como Norte: Se instauraron las vacaciones pagas, el aguinaldo y las leyes de previsión social que protegieron a la familia trabajadora desde la cuna hasta la vejez.
Soberanía y Educación: Con la gratuidad universitaria, Perón abrió las puertas de las facultades a los hijos de los obreros, permitiendo que el ascenso social fuera una posibilidad real y no un privilegio de sangre.
Independencia Económica: Se transformó el antiguo modelo agroexportador en una potencia industrial, recuperando los recursos estratégicos para el bienestar de la población.
El encuentro de Perón y Evita
Junto a la emblemática Evita, el General comenzó a forjar un movimiento que superó los límites de la política tradicional. Mientras Perón organizaba el Estado y la producción, Evita se convertía en el puente de amor directo con los más necesitados, impulsando hitos como el voto femenino y la asistencia social integral.
Aquel gobierno demostró que era posible una "Tercera Posición": una Argentina soberana, que no se arrodillaba ante los imperialismos y que buscaba la felicidad del pueblo como fin supremo.
Un legado inagotable
Ocho décadas después, el espíritu de aquel 24 de febrero de 1946 sigue vigente. No solo se recuerda una elección, sino el nacimiento de un movimiento que humanizó la economía y le dio voz a los que no la tenían. Perón no solo ganó una presidencia; le dio a los trabajadores la conciencia de sus derechos y la certeza de que, organizados, son los verdaderos artífices de su destino.