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02 de Octubre de 2026
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¿Un polo cinematográfico en la comarca? Una posibilidad que comienza a ponerse en discusión

A 30 años de “Flores amarillas en la ventana”, Carlos Baroli planteó el desafío de analizar las condiciones de Esquel y la región para impulsar una producción cinematográfica propia, sostenida y profesional.

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Los 30 años de Flores amarillas en la ventana fueron el punto de partida para abrir en Esquel una conversación que mira hacia adelante: ¿puede la comarca avanzar hacia la construcción de un polo cinematográfico propio?

 

La actividad se desarrolló en el Salón de Usos Múltiples del Instituto Superior de Formación Docente N.º 809, en el marco de la 19.ª Fiesta del Día Mundial del Turismo.

 

Como parte de la propuesta, Héctor Gonda realizó un recorrido fotográfico por una amplia variedad de flores amarillas características de la zona, una presentación que acompañó la conmemoración de las tres décadas de la película.

 

Pero aquel encuentro también permitió poner sobre la mesa una inquietud que excede el aniversario y abre una perspectiva hacia el futuro.

 

Carlos Baroli planteó la posibilidad de comenzar a analizar seriamente si Esquel y la comarca cuentan con las condiciones necesarias para avanzar hacia una producción cinematográfica sistemática y permanente.

 

“Tenemos una latente industria cinematográfica potencial en nuestra comarca”, expresó.

 

 

¿Por qué pensar en un polo cinematográfico?

 

 

La propuesta no se sostiene únicamente en los paisajes de la cordillera, que desde hace años resultan atractivos para realizadores audiovisuales.

 

Baroli puso el acento también en las personas y los recursos existentes en el territorio: actores, actrices, profesionales, instituciones educativas, universidades y una riqueza cultural capaz de generar contenidos e historias propias.

 

“Tenemos mucha cultura y mucha calidad en nuestro territorio como para hacer obras que hablen de nosotros”, señaló.

 

El desafío sería lograr que esos elementos puedan articularse y que la comarca no sea solamente escenario para producciones provenientes de otros lugares, sino también un territorio capaz de generar y sostener sus propias producciones.

 

 

Los paisajes son importantes, pero no alcanzan

 

 

Pensar en un polo cinematográfico implica, además, reconocer todo aquello que hace falta para concretarlo.

 

Productores y productoras, directores, camarógrafos y distintos profesionales y oficios son parte de la estructura necesaria para llevar adelante una producción.

 

Baroli sostuvo que es necesario incorporar una “dosis de realismo” y avanzar progresivamente.

 

La tecnología permitió simplificar muchos procesos en comparación con una filmación realizada hace 30 años, pero todavía existen aspectos que requieren organización y profesionalismo: las locaciones, los traslados, el vestuario y la coordinación de las distintas áreas involucradas.

 

Por eso, hablar de un polo cinematográfico significa ir más allá de contar con escenarios naturales privilegiados.

 

 

Cine y turismo, una relación que puede potenciarse

 

 

Otro de los fundamentos de la propuesta está relacionado directamente con el turismo.

 

Una película puede convertirse en la primera aproximación de una persona a un destino. Los paisajes que aparecen en pantalla pueden despertar posteriormente el interés por conocer esos lugares.

 

Baroli recordó que hay personas que llegan a la zona porque previamente vieron una película y reconocieron sus escenarios.

 

“No hay ninguna dicotomía entre cultura y turismo, sino que hay claramente una posibilidad de hacerlo sinérgico y de trabajar en conjunto”, afirmó.

 

De esta manera, una producción cinematográfica puede funcionar no solamente como una expresión artística y cultural, sino también como una herramienta de promoción del territorio.

 

Una pregunta que las instituciones quieren mantener abierta

 

La posibilidad comienza a discutirse además desde la articulación entre instituciones educativas y universitarias.

 

Baroli destacó el trabajo que vienen realizando conjuntamente los cuatro institutos de formación docente y las dos universidades, y señaló que existe una intención institucional de mantener activa esta discusión.

 

No se habla todavía de un polo cinematográfico constituido. Tampoco de un proyecto que tenga resueltas todas sus etapas.

 

La propuesta es comenzar a construir: conocer las capacidades existentes, identificar qué profesionales y estructuras hacen falta y analizar de qué manera pueden vincularse el conocimiento, la cultura, el turismo y la producción audiovisual.

 

A 30 años de Flores amarillas en la ventana, aquella película sirve también para mirar hacia adelante.

 

Esquel y la comarca tienen paisajes, historias, cultura y personas formadas. La pregunta que ahora comienza a instalarse es si esos elementos pueden articularse para dar el próximo paso: construir una producción cinematográfica propia y sostenida en el tiempo.

 

 

 

LC

 

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