Por Juan Salvador Carruda Reyes
A casi tres años, los precios se frenaron y la pobreza volvió a subir. El año que viene se va a saber si el ajuste alcanza o se queda a mitad de camino.
Milei hizo el ajuste que casi nadie en la política argentina se animaba a hacer. El costo de ese ajuste todavía se está pagando.
Cuando asumió, en diciembre de 2023, la inflación anual superaba el 200% y el Estado gastaba más de lo que recaudaba. Sin cortar ese gasto de más, los precios no iban a bajar. En eso el diagnóstico era claro.
La motosierra funcionó en lo que prometió. La inflación mensual pasó del 25,5% de diciembre de 2023 a cerca del 2% a mediados de 2026. En todo 2025 los precios subieron alrededor del 31%. La pobreza, que había llegado a más del 50% en la primera mitad de 2024, bajó al 28,2% en la segunda mitad de 2025. Era el número más bajo desde 2018. Eso no es un relato de campaña.
El otro lado también está a la vista. En el primer semestre de 2026 la pobreza volvió a subir y llegó al 32,3%. El desempleo pasó del 5,7% a fines de 2023 a cerca del 8%. El sueldo de los trabajadores registrados, descontada la inflación, sigue por debajo de noviembre de 2023. La industria que compite con productos importados baratos está floja. Lo que más crece es la energía, la minería y el campo.
La parte fácil ya pasó: frenar la emisión y bajar una inflación que estaba fuera de control. La parte difícil es que el sueldo y el trabajo en blanco crezcan sin volver a gastar de más.
En la forma de gobernar hay más para criticar que en el plan. Insultar a los opositores, pelearse con periodistas y gobernar a los gritos no es un detalle. En un país con instituciones débiles, ese tono gasta parte del apoyo que el ajuste necesita. En septiembre de 2026 su aprobación rondaba el 42%. La confianza en el Gobierno estaba en el punto más bajo desde que asumió. El piso de votos le queda. El margen para equivocarse, menos.
No hace falta tratarlo como un salvador ni como un show. Ordenó una economía que venía rota. Todavía no demostró que ese orden llegue al bolsillo de la mayoría. Si en 2027 el trabajo y los ingresos acompañan la inflación baja, el experimento se sostiene. Si no, va a quedar como otro ajuste que frenó los precios y perdió la calle.