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27 de Septiembre de 2026
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Coco Muñoz: una vida marcada por el esfuerzo, el deporte y los grandes sueños

Eulalio “Coco” Muñoz creció en Gualjaina y encontró en el deporte un camino que lo llevó desde aquellas primeras carreras hasta los Juegos Olímpicos y las grandes maratones del mundo.

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Por Elisabet Blanco Wegrzyn y Rocío Germillac. 

 

Antes de correr en los Juegos Olímpicos, de conocer Tokio y de competir en algunas de las grandes maratones del mundo, Coco Muñoz corría sin imaginar hasta dónde podía llegar. No tenía certezas sobre el camino, pero sí algo que nunca perdió: las ganas de seguir corriendo. Esta es la historia detrás del atleta, de sus primeros pasos hasta convertirse en uno de los representantes argentinos del maratón.

 

 

 

El origen de “Coco”

 

Antes de ser conocido en las calles de Esquel, en las competencias y en las pistas, Eulalio Muñoz fue simplemente un chico de Gualjaina que jugaba al fútbol y corría detrás de sus hermanos.

 

El apodo que lo acompañaría durante toda su vida nació en su propia casa. “Coco me empezó a decir mi papá. Porque nosotros vivimos en Gualjaina y teníamos gallinas, gallos. Y, bueno, el gallo siempre salió temprano y hacía co-co-co. Y yo me disfrazaba de gallo, me solía levantar temprano y hacía co-co-co. Y por eso me pusieron Coco”, recordó.

 

Hoy, prácticamente nadie lo llama Eulalio. “La única persona que me dice Eulalio es mi novia. Cuando me dice Coco es porque algo pasó y ya se armó”, contó entre risas.

 

 

 

Una infancia en el campo 

 

Coco vivió sus primeros años en Costa de Gualjaina, en la casa de su abuela materna. Allí pasó su infancia junto a su familia, hasta que a los ocho años tuvo que trasladarse para comenzar la escuela.

 

“No fui al jardín, no fui a lo que estamos habituados”, recordó.

 

La vida cotidiana también implicaba recorrer largas distancias. Para llegar a Gualjaina, él y sus hermanos caminaban unos 13 kilómetros.

 

“Creo que de alguna manera también se entiende esto de que a mí me gusta correr, porque de chiquito ya lo hacía más o menos, a ver, yo era el más chiquito y prácticamente tenía que ir corriendo atrás de mis hermanos, nada de andar esperándome”, relató.

 

Aquellos caminos, que en ese momento eran simplemente parte de la vida cotidiana, terminarían siendo una pequeña anticipación de lo que vendría.

 

 

 

El deporte como una puerta al mundo

 

Durante su infancia y adolescencia, el fútbol fue su gran pasión. Jugó hasta los 16 años y, gracias a ese deporte, comenzó a conocer otros lugares.

 

Para alguien que no tenía la posibilidad de viajar de vacaciones, llegar a Esquel ya era una experiencia extraordinaria.

 

“Para mí, venir a Esquel era como irme, no sé, por decirte a Miami. Yo no tenía vacaciones, o sea, mi familia no me sacaba de vacaciones. Los recursos eran limitados”, contó.

 

Un viaje con un equipo de fútbol incluso le permitió conocer el mar por primera vez, durante un provincial en Rawson.

 

“Yo conocía el río de Lepá y el río Gualjaina y no salía de ahí. Mucho menos conocía el lago acá. Así que, bueno, para mí fue una salida también de mi pueblo”, recordó.

 

Con el tiempo, entendió que el deporte podía ser mucho más que una competencia.

 

“Yo creo que por eso mismo te decía que gracias al deporte a mí se me cambió un poco la vida”, afirmó.

 

 

 

Una carrera que comenzó casi de casualidad

 

El atletismo apareció a fines de 2011, cuando el club de Gualjaina cerró y tuvo que elegir otra actividad.

 

“Había una carrera de atletismo en Gualjaina. Y yo me anoté porque justo era de la escuela y la organizaba una cooperadora que había ahí en la escuela. Así que, bueno, me anoté. Me acuerdo que gané esa carrera. Y a raíz de eso es como que, bueno, empecé”, relató.

 

Poco después llegó una experiencia que hoy parece increíble: con apenas 16 años quiso correr cinco kilómetros y terminó haciendo una media maratón de 21.

 

No tenía el equipamiento que hoy forma parte de la preparación de un atleta de alto rendimiento.

 

“Yo no tenía zapatillas ni nada específico para el deporte. Yo me acuerdo que corrí en mi primera carrera con unas zapatillas Topper, un pantalón de fútbol que me había regalado un amigo y una remera de algodón”, recordó.

 

Para la media maratón de Esquel eligió unas zapatillas urbanas porque había leído que las más livianas eran mejores.

 

“Eran urbanas, pero eran súper livianitas, así que con eso corrí”, contó.

 

 

 

De Gualjaina a Esquel

 

El encuentro con Rodrigo Peláez fue otro de los momentos que marcaron su historia. Coco lo conocía por la radio, donde escuchaba hablar de atletas que viajaban y competían en distintos lugares del mundo.

 

“Yo a Rodrigo lo escuchaba por la radio todo el tiempo. Con mi papá escuchábamos la radio y, bueno, siempre salía Rodrigo Peláez”, recordó.

 

Después de conocerse en una competencia, Coco le preguntó si podía entrenarlo. La respuesta fue clara: para hacerlo, debía mudarse a Esquel.

 

Tenía 17 años y su familia no estaba completamente de acuerdo.

 

“Tenía como, de un lado tenía un sí y por el otro lado tenía un no. Y bueno, hasta que tomé la decisión y dije, bueno, me voy a vivir a Esquel”, relató.

 

Terminó viviendo en una pensión cuya dueña hoy es la abuela de su novia. Ese cambio significó el comienzo de una nueva etapa.

 

 

 

De una pensión a Japón

 

La vida que siguió parece difícil de imaginar cuando se la mira desde aquellos primeros kilómetros recorridos en Gualjaina.

 

“En mi primera carrera fuimos a Bariloche, que yo no lo podía creer el hecho de estar en Bariloche. Para mí era, si ya venir a Esquel era la gloria, imaginarte ir ahí era ir a otro mundo”, contó.

 

Después llegaron México, Perú, Alemania, Holanda y Japón.

 

“Yo estuve en Tokio, estuve en Japón, que para mí fue una locura . Que también el hecho de decir que un día iba a poder estar en un lugar como ese, si lo sueño, capaz que no lo creo”, confesó.

 

El deporte también le permitió encontrarse con figuras que durante años había visto desde lejos.

 

“Así que nada, ha sido un lindo recorrido”, resumió.

 

 

 

El apoyo que estuvo desde el primer día

 

Detrás de cada viaje, cada competencia y cada resultado también hubo personas que acompañaron el camino.

 

Coco recuerda especialmente a su primer sponsor: una verdulería que le entregaba cuatro frutas por día.

 

“Para mí era un montón y fue la primera persona que de alguna manera confió en mí y lo único que me pidió fue que la saludara cuando la cruzaba en la calle. Así que, bueno, ese fue mi primer sponsor”, recordó.

 

También destaca el acompañamiento de las instituciones y de la comunidad de Esquel.

 

“Siempre creo que he tenido la suerte de estar bien acompañado. Y soy muy agradecido con la gente que ha estado desde el minuto uno”, afirmó.

 

Uno de los momentos más emocionantes ocurrió después de los Juegos Olímpicos, cuando regresó a Esquel y fue recibido con una caravana.

 

“Estábamos ingresando al pueblo, se estaban jugando fútbol ahí en las canchitas y el árbitro paró los partidos y nos aplaudían”, recordó.

 

Para Coco, ese reconocimiento no representa una presión, sino una motivación.

 

“El hecho de tener gente que te acompaña, el hecho de tener gente que se alegra por vos y que también muchas veces se ha entristecido porque no nos ha ido de la manera que hemos querido”, explicó.

 

 

 

Correr también dolió

 

El camino del alto rendimiento también tuvo momentos difíciles. El año pasado atravesó una infección en el pie que derivó en una intervención quirúrgica y lo mantuvo entre seis y siete meses sin correr.

 

“Estuve muy triste durante un buen tiempo. Y bueno, mi pareja, su familia y un par de amigos estuvieron ahí”, contó.

 

La vuelta tampoco fue sencilla. La operación había sido en el tendón de Aquiles y las primeras carreras estuvieron acompañadas por miedo.

 

“Al principio con miedo, me pasó inclusive que en las primeras carreras en las cuales competía me daba miedo bajar, porque como tuve una operación en el tendón de Aquiles, me daba miedo soltarme”, relató.

 

Pero volvió. Primero fueron uno o dos kilómetros. Después, diez. Y de a poco recuperó su nivel.

 

“Después fue toda una alegría el hecho de poder volver a correr”, afirmó.

 

 

 

El sueño que todavía sigue

 

Este año, Coco volvió a competir y se consagró campeón argentino de maratón. Ahora tiene por delante el Sudamericano de Maratón, que se disputará el 15 de noviembre en Chile.

 

Su preparación volverá a tener a Esquel como escenario.

 

“Vamos a prepararnos acá con el equipo, con mis compañeros. Así que bueno, tratando de sumar el mayor volumen de kilometraje, tomarlo con la mayor seriedad”, explicó.

 

Y, aunque ya recorrió un camino que lo llevó desde los senderos de Gualjaina hasta los Juegos Olímpicos y las calles de Tokio, todavía hay sueños pendientes.

 

“Mi sueño siempre está en poder sumar una medalla para Argentina”, aseguró.

 

Y enseguida abrió la puerta a otro objetivo: “¿Y por qué no soñar en un futuro con volver a estar en los Juegos Olímpicos que se van a realizar en Los Ángeles en 2028?”

 

 

 

El consejo de Coco

 

Después de más de una década dedicada al atletismo, su consejo para quienes recién empiezan es sencillo: dar el primer paso.

 

“Primero que se anime a caminar”, dijo.

 

No habla desde un lugar de superioridad, sino desde una historia que comenzó con un chico de Gualjaina corriendo detrás de sus hermanos, sin zapatillas específicas y sin imaginar hasta dónde podía llevarlo aquel primer triunfo.

 

“Así que bueno, yo le diría que se animen corriendo o caminando una carrera corta, tres, cuatro kilómetros. O que salgan a caminar dos minutos, que corran uno y vayan de a poquito”, recomendó.

 

Porque su propia historia, en definitiva, también se construyó así: de a poco, con paciencia y constancia.

 

“Es paciencia, es constancia, hay responsabilidad de ir de a poquito. Que bueno, en algún momento llega todo, así que a entrenar y trabajar firmemente.”

 

 

 

Agradecemos enormemente a Coco por brindarnos esta entrevista y por representarnos con tanta responsabilidad. 

 

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