20 de Septiembre de 2026
sociedad |

Se separó a los 56 años y un inesperado hábito diario la ayudó a reconstruir su vida

Tras ser dejada por su pareja luego de casi tres décadas, Mariana tuvo que aprender a reconstruirse a los 56 años. Un hábito en redes sociales terminó convirtiéndose en su pilar diario. 

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Mariana tenía 56 años cuando su vida cambió de golpe. Después de casi 30 años de matrimonio, su marido le dijo que quería separarse. No hubo una gran pelea ni una escena cinematográfica, simplemente le planteó que necesitaba seguir otro camino y que prefería que, con el tiempo, pudieran ser amigos. Para ella fue un golpe difícil de procesar. Durante décadas había pensado su vida de a dos: la casa, los hijos, las rutinas, los proyectos y hasta las pequeñas costumbres de todos los días. De pronto tenía que descubrir cómo era volver a estar sola. Y en medio de ese proceso apareció algo que nunca hubiese imaginado que podía ayudarla: las frases motivacionales que circulaban por Facebook.

 

 

 

Antes de separarse, Mariana probablemente habría pasado de largo ante esos textos sobre autoestima, vínculos y nuevos comienzos. Después empezó a leerlos de otra manera. Mientras recorría la red social para distraerse, se detenía frente a mensajes que hablaban de aprender a soltar, dejar de perseguir a quien ya había decidido irse o entender que una relación no puede sostenerse solamente con el esfuerzo de una persona. Eran reflexiones simples, pero algunas parecían aparecer exactamente el día en que necesitaba leerlas. Empezó a guardar publicaciones, después a imprimir algunas y varias terminaron pegadas en la puerta de la heladera.

 

 

“Soltar no siempre significa dejar de querer; a veces significa empezar a elegirte.”

 

 

Cuanto más interactuaba con ese tipo de publicaciones, más contenido similar le mostraba la plataforma. Lo que normalmente se critica de las redes sociales —un algoritmo que insiste una y otra vez con los mismos temas— terminó teniendo para ella un efecto inesperado. Cada mañana encontraba nuevos mensajes sobre separaciones, autoestima y cómo empezar otra vez. También los buscaba antes de acostarse. No solucionaban lo que estaba viviendo, pero le daban algo parecido a una pequeña dosis diaria de ánimo.

 

 

Mariana tenía familia, amigos, compañeros de trabajo y ayuda profesional. Sin embargo, después de algunos meses comenzó a sentir algo particular: que ya había hablado demasiado de su separación. Quienes la rodeaban seguían acompañándola, pero a ella le daba la sensación de estar contando una y otra vez la misma historia. Seguía triste. Algunas noches le costaba dormir, otros días aparecía la bronca, la nostalgia o simplemente la sensación de no saber muy bien qué hacer con esa nueva vida. En esos momentos, abrir el teléfono y leer unas pocas líneas se convirtió en una especie de refugio que, sin reemplazar a sus amigos ni a la terapia, siempre estaba ahí.

 

 

“No todo final es un fracaso: algunos son simplemente el lugar desde donde volvemos a empezar.”

 

 

Una separación después de casi tres décadas implica mucho más que dejar de convivir con alguien. También obliga a despedirse de una determinada idea del futuro, como los viajes que quizás ya no sucederán, los planes de jubilación, las reuniones familiares, las costumbres y hasta la identidad de haber sido durante años la esposa de alguien. Tuvo que aprender algo difícil: podía reconocer que aquel matrimonio había sido una parte fundamental de su vida y, al mismo tiempo, aceptar que se había terminado.

 

 

Poco a poco comenzó a reorganizarse. Retomó vínculos, salió más, conoció gente y empezó a prestar atención a cuestiones que durante años habían sido compartidas, incluso la organización económica de su propia vida. Volver a estar soltera después de los 50 le resultaba extraño y al principio absurdo, pero con el tiempo empezó a tomarlo con algo más de humor. Y un día descubrió algo: ya no buscaba compulsivamente aquellas frases en la pantalla.

 

“A veces perder la vida que imaginabas es el comienzo de la vida que todavía no conocías.”

 

 

Durante meses, la heladera había quedado cubierta con pequeños mensajes que hablaban de resiliencia, hasta que empezó a sacarlos. Algunos dejaron marcas del adhesivo y otros permanecieron un tiempo más, pero ya no necesitaba encontrarse cada mañana con aquellas palabras. No significaba que hubiese olvidado el matrimonio ni que el dolor hubiera desaparecido mágicamente, sino que simplemente estaba mejor. Había dejado de pensar todo el tiempo en cómo recuperar la vida que tenía antes y comenzaba a interesarse por la que podía construir después.

 

 

 

 

 

Las frases motivacionales suelen tener mala fama por parecer obvias o ingenuas. Pero para Mariana cumplieron una función sencilla: recordarle, en determinados momentos del día, que lo que estaba sintiendo no iba a durar para siempre. No fueron una solución, fueron una compañía. Y quizás allí esté la parte más humana de su historia: después de casi 30 años de matrimonio, tuvo que aprender nuevamente a vivir sola, y una de las herramientas que la ayudó a dar el primer paso fueron esos mensajes en redes que, tiempo atrás, probablemente habría pasado de largo sin siquiera leer.

 

 

 

 

 

 

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