(Por Carlos “el Chavo” Ortiz). – Yo tengo una costumbre. Cada vez que llego a casa por la noche, observo si están mis perros. Luego compruebo si están mis hijos y también mi “patrona”.
Una vez que observo que están todos en casa y que la casa está en orden, tomo el celular y le bajo el volumen.
Esto siempre, o casi siempre, ocurre entre las nueve y media y las diez de la noche. El teléfono queda a un costado y es momento de cenar y de conversar.
Claro que la adolescencia de hoy no es muy comunicativa. Se levantan de la mesa, toman su celular y se van a sus piezas.
Y si el cansancio no me gana, aparece una película por Netflix o YouTube.
En la noche de este miércoles, cuando estaba a punto de irme a acostar, observo la luz del celular. Eran cerca de la medianoche y Megan se quería comunicar conmigo.
Me asusté. A esa hora no me va a estar escribiendo por webadas. Tomé el teléfono y el milagro se produjo.
Gerardo (el papá de Noah), me enviaba a través de Megan unos pequeños videos de un valor sentimental increíble.
Ayer yo me lamentaba de no haberle hecho una nota a Noah, no le pude preguntar que se siente cuando el cuerpito le pide descanso. No le pude preguntar con que hermana era más compinche, como tampoco le pude preguntar cuántos goles había en su vida deportiva. En su corta vida deportiva.
Y el milagro de Noah se convirtió en un muy lindo video. Sí le hice una nota a Noah, que en verdad no me acordaba. Es más, hasta relaté un gol de él en un torneo desarrollado en Chile, en Futaleufú.
Para RED 43 transmití la primera edición de la FutaCup, torneo que se jugó en febrero del año pasado. No me acordaba que él jugaba en Malvinas, en la categoría 2011/12, equipo que logró la Copa de Bronce.
Gerardo leyó lo que escribí ayer y el mensaje fue directo: Sí le hiciste una nota a Noah. Él la tenía guardada, tanto la breve entrevista al final del campeonato, como uno de los goles que relaté.
Cuando lo observé anoche, me puse a llorar como un nene. Ahí entendí todo. Noah sigue haciendo milagros.
Cuando terminé aquella entrevista, Noah salió corriendo con su camiseta n°19 (¿quién tendrá esa camiseta?) y la frase final que le dije fue increíble: “vaya a festejar y seguiremos hablando, cuídate por favor”.
¿Eso le dije? ¿Cuidate por favor? Que increíble.
Hoy en todo caso, te pido humildemente que cuides a tu familia y a tus amigos desde el lugar que te vayas a encontrar.
Y ya que está, te pido algo más. Seguramente vas a tener la posibilidad de decirles a todos, que salga a correr, que bailen, que sonrían, que abracen a sus seres queridos, que griten todos los goles con el alma. Que no se queden encerrados mirando la pantalla del celular, que trepen árboles, que salten lo más alto que puedan, que corran lo más rápido que les de las piernas, que jueguen con sus mascotas y que viajen.
Y antes que te vaya te digo algo: hiciste el milagro de hacer aparecer un gol y una entrevista. De eso no me lo voy a olvidar jamás.