Mucho antes de las telesillas modernas, de los medios de elevación y del crecimiento del centro de esquí, existía un lugar donde comenzaba toda experiencia en la montaña.
Allí llegaban quienes subían al cerro para esquiar, practicar montañismo o compartir unos días en la nieve. Allí se compraban pases, funcionaba la escuela de esquí y se construyeron buena parte de los recuerdos que todavía hoy conservan varias generaciones de la Comarca Andina.
Ese lugar es el histórico refugio del Cerro Perito Moreno.
Construido en 1986 por Albrecht Rudolph junto al Club Andino Piltriquitrón, el edificio acompañó el traslado del antiguo centro de esquí desde el cerro Piltriquitrón hacia el actual emplazamiento del Perito Moreno y se convirtió rápidamente en uno de los puntos de encuentro más importantes de la montaña.
"En un principio era lo único que había acá. Todo salía desde este lugar", recordó Gabriel Panomarenko, actual responsable del refugio y director de la escuela de esquí y snowboard del cerro.
Un lugar atravesado por la historia
Durante años, el refugio funcionó como alojamiento, escuela de esquí, punto de venta de pases y espacio de encuentro para montañistas y familias enteras que comenzaban allí sus jornadas en la nieve. "Todos los recuerdos de las generaciones que nos anteceden nacen en este lugar", explicó Gabriel.
La intención ahora es recuperar parte de ese espíritu original y adaptarlo a las nuevas necesidades del turismo de montaña. "Queremos devolverle la identidad que siempre tuvo este refugio, pero llevándolo un poco más arriba en cuanto a modernización y actividades", señaló.
Dormir en la montaña y despertar junto a las pistas
La propuesta actual mantiene el esquema tradicional de alojamiento con media pensión, aunque incorpora comodidades poco habituales en refugios de montaña.
Las habitaciones cuentan con ropa de cama, calefacción y distintas capacidades para familias, parejas o grupos de amigos. Además, el refugio dispone de duchas con agua caliente, conexión wifi y espacios comunes pensados para el descanso después de una jornada en el cerro.
Pero para Gabriel Panomarenko el principal atractivo es otro: "Levantarte, tomar un mate mirando el valle de El Bolsón, ponerte los esquíes y empezar el día directamente desde la montaña es una experiencia difícil de igualar."
Mucho más que un lugar para dormir
Además del alojamiento, el refugio ofrece desayunos, almuerzos, meriendas y cenas tanto para huéspedes como para quienes visitan el cerro durante el día.
La idea es recuperar el rol de punto de encuentro que históricamente tuvo el lugar y generar nuevas propuestas para quienes permanecen en la montaña después del cierre de las pistas. Entre los proyectos aparecen actividades sociales, encuentros y espacios pensados para el tradicional after ski.
Un refugio para las cuatro estaciones
Aunque el invierno concentra la mayor parte del movimiento, el objetivo es que el refugio permanezca activo durante todo el año.
La ubicación estratégica sobre el recorrido de la Huella Andina y el crecimiento de las actividades estivales en el Cerro Perito Moreno abren nuevas posibilidades para el futuro. "Queremos que sea un refugio de cuatro estaciones", resumió Gabriel.
A veces, recuperar un edificio implica mucho más que restaurar el espacio o mejorar servicios. En algunos casos significa recuperar historias, encuentros y recuerdos que forman parte de la identidad de un lugar.
Y en la montaña de El Bolsón, buena parte de esa memoria sigue viva alrededor del fuego del refugio.
En tiempos donde muchas experiencias turísticas son rápidas y fugaces, el refugio propone algo distinto: quedarse un poco más, mirar el fuego, escuchar las historias de la montaña y despertar, al día siguiente, con la nieve esperando del otro lado de la puerta.
O.P.