La medida representa un cambio radical en uno de los países que lideró la digitalización escolar en Europa. Según las autoridades locales, la presencia constante de herramientas virtuales generó un entorno de distracción que afecta el rendimiento académico. Para revertir esta tendencia, el Estado dispuso una inversión millonaria en la compra de material impreso, bajo la premisa de garantizar un libro por estudiante para cada asignatura.
Este giro político se alinea con advertencias emitidas desde el ámbito científico global. Diversas investigaciones alertan sobre los riesgos cognitivos, lingüísticos y socioemocionales del uso excesivo de pantallas en etapas de desarrollo. Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México explicaron que la dependencia digital puede alterar funciones cerebrales básicas y limitar la capacidad de atención profunda. Por su parte, informes de investigadores del Conicet en Argentina coinciden en que la exposición desmedida a estos dispositivos genera mentes más propensas a la dispersión y afecta los procesos naturales de retención de información.
"Leer libros reales y escribir en papel real, y contar con números reales sobre papel real, es mucho mejor si quieres que los niños adquieran el conocimiento que necesitan", afirmó Joar Forsell, portavoz de educación del Partido Liberal sueco.
La decisión también encontró base en los últimos informes del programa PISA de la OCDE, que registraron un retroceso en el desempeño de matemáticas y lectura en el país nórdico. Médicos y neurocientíficos que asesoraron al gobierno destacaron que los entornos virtuales fragmentan la atención, lo que dificulta el pensamiento crítico y el procesamiento de conceptos complejos, validando la necesidad de restaurar métodos pedagógicos analógicos en la infancia.
EBW