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11 de Mayo de 2026
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Ceferino Namuncurá: un día como hoy partía el "indiecito santo"

El joven logró convertirse en el primer argentino mapuche, reconocido como beato por la Iglesia Católica.

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Un día como hoy, pasaba a la inmortalidad el hijo del señor de las pampas y príncipe de los guerreros. Se trata del primer indígena en ser reconocido por la Iglesia Católica: el Papa Benedicto XVI lo beatificó en 2007, pero el pueblo patagónico lo declaró como "su santito" medio siglo antes.

 

Namuncurá, en mapudungun, la lengua originaria del pueblo mapuche, significa “pie de piedra”, lo que se asocia al temperamento seguro y tenaz de la familia Namuncurá.

 

Ceferino nació el 26 de agosto de 1886 en Chimpay, Río Negro, territorio habitado por araucanos/mapuches y tehuelches. Su abuelo fue el reconocido cacique Juan Cafulcurá y su padre, Manuel Namuncurá, un célebre líder mapuche. Ambos lucharon contra las fuerzas del Ejército Argentino, comandado por Julio Argentino Roca. En ese momento, lo que hoy conocemos como la República Argentina era un territorio en disputa, donde las violentas campañas militares -entre 1879 y 1884- terminaron diezamando y expulsando de sus tierras a los pueblos indígenas.

 

Manuel Namuncurá perdió el dominio de sus tierras en 1885 y, un año después -cuando todavía su pueblo no había sido desplazado por completo-, nació Ceferino. En 1894, Manuel Namuncurá viajó a Buenos Aires a defender sus derechos ante el presidente de la Nación, Luis Sáenz Peña. Reclamó los títulos de propiedad de la tierra para su pueblo. El Congreso le prometió ocho leguas en Chimpay que nunca le otorgaron.

 

En sus cartas y testimonios compilados por su primer biógrafo, Luis Pedemonte, Ceferino manifestó su voluntad de volver a sus tierras como orgullo a su identidad mapuche. Pedemonte narra que cuando la gente en Italia lo miraba con extrañeza por su aspecto, Ceferino afirmaba: "Sí, soy americano y además, de la Patagonia".

 

Al año de haber comenzado sus estudios, Ceferino fue internado en el Hospital Fatebenefratelli.  Conciente de que iba a morir, el 21 de abril de 1905 le escribió a su padre: "Le agradezco su gran resignación de sacrificar años sin vemos. En cuanto a mis estudios, resultan bien, pero la salud me impidió continuar … Cuando esté mejor me prepararé para volver a Buenos Aires y de allí a Viedma. En otras cartas le daré noticias más claras ... Mil besos y abrazos. Querido papá, le pido su paternal bendición y créame su afectísimo hijo que desea abrazarlo".

 

Ceferino murió finalmente a los 20 días de haber escrito esa carta, durante la mañana del 11 de mayo, a los 18 años de edad.

 

En 2007, una junta médica del Vaticano consideró que la curación de Valeria Herrera, de 24 años, fue un milagro por la intercesión de Ceferino Namuncurá. La joven padecía cáncer de útero y sus familiares le encomendaron su sanación a Ceferino. Valeria se curó y pudo tener hijos. Este fue el antecedente que se tuvo en cuenta para su beatificación.

 

En la Patagonia, Ceferino es el santo más popular de todos. Desde hace medio siglo que sus devotos reparten estampitas y le construyen altares. Todos los 26 de agosto, día de su nacimiento, una multitud se reúne en Chimpay, donde realizan procesión, celebran una misa en su memoria y la ceremonia se convierte en una fiesta popular.

 

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