Luego de una extensa y multifacética trayectoria que dejó huella en el ámbito educativo, político y social de nuestra ciudad, Marcelina Angiorama accedió a su jubilación. La licenciada en Ciencias Políticas cerró un ciclo de más de dos décadas de labor, marcadas por un compromiso inquebrantable y, sobre todo, por una sonrisa constante ante cada desafío.
Marcelina, quien inició sus estudios en Buenos Aires pasando de la Abogacía a su verdadera vocación en las Ciencias Políticas, recordó cómo fue llevar adelante sus pasiones de manera simultánea: "Llegué a estar en la Politécnica, la Universidad y ser concejal, las tres cosas juntas", recordó sobre su paso por la UNPSJB y el cuerpo legislativo local.
El valor de la camaradería
Al repasar los lugares donde desempeñó su labor, Marcelina no dudó en poner en primer plano el factor humano. Si bien destacó que disfrutó de cada etapa, tuvo palabras especiales para la Escuela 809: "Acá es donde más hicimos camaradería, de estar todo el tiempo juntos". También rememoró con cariño sus inicios en la Escuela Politécnica y su paso por las instituciones 7714 y 791.
"Todas las escuelas en las que estuve fueron lindas, no tuve problemas con nadie. Fui eligiendo donde más me gustaba estar y lo más lindo que me ayudó muchísimo fue la gente, los compañeros", resumió con la sencillez que la caracteriza.
Una despedida con "corazón de oso"
La jubilación no llegó sin sorpresas. Sus compañeras y amigos organizaron un encuentro al que debieron llevarla "con mentiras piadosas" para asegurar su presencia. Entre risas, Marcelina relató cómo su entorno más cercano conspiró para que fuera a firmar sus últimos papeles de forma presencial.
En el lugar, su mejor amiga Natalia Cluster le dedicó palabras cargadas de emoción: "Es una gran persona, tiene un corazón de oso. Te da lo que no tiene y siempre está con una sonrisa, aunque esté tapada de problemas". Cluster destacó que, en esta nueva etapa "sin horarios", Marcelina seguramente estará aún más dispuesta a seguir acompañando y ayudando a los demás.
Con el título de Licenciada bajo el brazo —siguiendo el legado de sus padres, quienes fueron los primeros universitarios de su familia— y una colección incalculable de afectos, Marcelina Angiorama inicia una nueva etapa, dejando tras de sí un ejemplo de vocación y calidez humana en cada pasillo escolar y oficina pública que transitó en Esquel.
M.G