Comienzan a salir cosas a la luz. Es que hay quienes pretenden tapar el sol con la mano, pero en algunos hechos, eso es imposible. El caso de presuntos abusos en una escuela primaria de Trelew comenzó a salir a la luz por señales que, en un primer momento, parecían aisladas, pero que con el correr de los días encendieron todas las alarmas. Cambios de conducta, miedo a asistir a clases y episodios de angustia marcaron el inicio de un relato que hoy tiene a varias familias reclamando respuestas urgentes. Y al parecer no las encuentran.
Tamara, madre de uno de los niños afectados, contó que se enteró de la situación de manera informal, a través de otra madre, y no por una comunicación oficial de la Escuela Provincial N° 21. Desde ese momento, comenzó a observar actitudes distintas en su hijo. “Mi nene no quiere ir a la escuela”, relató este miércoles en diálogo al describir el rechazo repentino a asistir a clases y el malestar físico que manifestaba antes de ingresar.
El lunes siguiente a enterarse de lo ocurrido, Tamara llevó a su hijo de 7 años a la escuela. Aunque el niño no quería ir, decidió hacerlo porque las autoridades habían remarcado la importancia de que no perdieran días de clases. Horas después, la llamaron para retirarlo: estaba llorando y angustiado, según se supo a través de una nota radial.
Ese fue el momento en que la situación comenzó a tomar otra dimensión. Tras una larga charla, y al ver que su mamá estaba llorando, el nene se animó a hablar con su tío. Ahí le contó los abusos que habían sufrido él y otros tres amigos por parte de un compañero.
Según su testimonio, varios chicos habrían atravesado situaciones similares, con miedo incluso de ir al baño. “Salían con terribles ganas de orinar porque no querían ir al baño. Pedían que les ajustaran bien los pantalones”, explicó, al describir el nivel de temor que tenían.
La mujer sostiene que los niños se contenían entre ellos, formando un grupo que se acompañaba frente a lo que ocurría. También cuestionó el accionar de la escuela, al señalar que no se informó a las familias pese a que, según su relato, había antecedentes y situaciones previas vinculadas al mismo alumno señalado.
Tamara remarcó que la maestra habría advertido al menos uno de los episodios, pero que la única medida tomada fue enviar al niño involucrado a dirección por un tiempo limitado, sin dar aviso a los padres.
Las consecuencias en su hijo, según relató, fueron inmediatas y profundas. “No se deja abrazar. No se deja dar besos. Se convirtió en un nene súper distante. Ahora está muy, muy mal”, describió, al explicar cómo cambió su comportamiento en pocos días.
La madre también cuestionó la falta de intervención previa y apuntó a responsabilidades dentro de la institución. Aseguró que el caso no sería aislado y que incluso otras familias comenzaron a presentar denuncias por situaciones similares en distintos grados.
En paralelo, reclamó asistencia psicológica urgente para su hijo y el resto de los niños afectados, y pidió que se investigue a fondo lo ocurrido. “Yo quiero urgente que den un psicólogo para mi hijo”, expresó, al remarcar la angustia que atraviesa su familia.
El caso ya llegó a instancias oficiales. Según indicó, desde el Ministerio de Educación se comprometieron a implementar cambios en el equipo directivo y a reforzar la presencia de profesionales en la escuela, incluyendo psicólogos y personal especializado.
Mientras tanto, las familias esperan que las promesas se concreten y que se determinen responsabilidades. “Queremos que sea con hechos, no con palabras”, sostuvo Tamara, quien adelantó que seguirá de cerca cada medida para garantizar que los niños puedan volver a un entorno seguro.
Con información de Seta TV