En Neuquén, el daño ambiental puede terminar costando menos que una pizza. Un joven de 20 años evitó ir a juicio por haber realizado trompos con una Toyota Hilux sobre la laguna congelada Corazón, en Villa Pehuenia, a cambio de una suspensión de juicio a prueba cuyo componente económico resulta, cuanto menos, llamativo: una cinta métrica de agrimensor valuada en 12.000 pesos.
El caso había generado indignación en julio del año pasado. El imputado ingresó con su vehículo a un área natural protegida, circuló por caminos no habilitados, dañó raíces de araucarias -una especie autóctona y protegida- y realizó maniobras peligrosas sobre la superficie helada de la laguna. Todo quedó registrado en videos que luego permitieron identificarlo. Además de la bronca social que generó.
A partir de esa filmación, el 1 de agosto se allanó su domicilio en Neuquén capital. Allí, además, se le secuestró una carabina calibre 44.40 sin autorización legal, lo que sumó un segundo delito a la causa. El muchacho portaba además de manera ilegal armas de fuego.
Los expedientes -uno tramitado en Zapala por el daño ambiental y otro en Neuquén por la tenencia ilegal de arma- fueron unificados. Ambos delitos contemplan penas de entre 6 meses y 6 años de prisión.
Sin embargo, la fiscalía y la defensa pública acordaron una salida alternativa: la suspensión de juicio a prueba. Esto implica que el imputado no reconoce su responsabilidad penal, pero se compromete a cumplir ciertas reglas de conducta para evitar el proceso.
Durante 18 meses deberá realizar 144 horas de trabajo comunitario -equivalente a una hora semanal- en la subsecretaría Ciudad Saludable de Neuquén. Y, como “reparación”, deberá donar una cinta métrica de 50 metros con manija a la división de Delitos Ambientales de la Policía. Esto es mucho menos de lo que vale una pizza.
El monto fijado -12.000 pesos- no pasó inadvertido. La fiscalía sostuvo que se trata de una reparación “simbólica”, considerando que el joven está desempleado. Incluso se indicó que el área de Áreas Protegidas podría imponerle una multa administrativa por separado.
Durante la audiencia, el valor de la cinta métrica fue explicitado con precisión, en una escena que dejó una sensación extraña: la justicia poniendo precio, aunque sea de manera indirecta- a un daño ambiental que, en rigor, es imposible de cuantificar.
¿Cuánto vale pisar raíces de araucarias milenarias? ¿Qué precio tiene alterar un ecosistema frágil en una reserva natural? La respuesta, evidentemente, no cabe en una publicación de un producto de Mercado Libre.
Por el mismo monto que cuesta, mucho menos que una pizza, el imputado logró evitar un juicio penal por dos delitos. Incluso, en términos estrictos, un pedido público de disculpas podría haber tenido un costo mayor en términos personales o simbólicos.
La jueza de Garantías, Natalia Pelosso, homologó el acuerdo alcanzado entre las partes. La decisión es legal, encuadra dentro de las herramientas que prevé el sistema penal. Pero no deja de abrir un debate sobre los límites de lo “simbólico” cuando se trata de proteger el ambiente. Sin embargo, llamó la atención que la reparación de ese daño, sea tan simbólica como una cinta métrica barata, que casi no hace a un almuerzo diario.