El 14 de febrero de 1988, Argentina amaneció con una noticia que sacudió los cimientos del deporte y la sociedad: Carlos Monzón, el ídolo máximo del boxeo nacional, había matado a su pareja, la modelo uruguaya Alicia Muñiz. El hecho ocurrió en un chalet del barrio La Florida, en Mar del Plata, durante la última etapa de las vacaciones de la pareja.
Los hechos y la defensa de Monzón
De acuerdo a las pericias judiciales de la época, la muerte de Muñiz se produjo tras una violenta discusión. Monzón la golpeó, la estranguló y, mientras ella estaba inconsciente, la arrojó desde el balcón de la planta alta. El boxeador también cayó al vacío, alegando posteriormente que se había lanzado en un intento desesperado por "rescatarla".
Sin embargo, la autopsia fue determinante: Alicia Muñiz ya presentaba signos de estrangulamiento previos a la caída. El caso puso en jaque a la opinión pública, que se debatía entre la devoción al ídolo deportivo y la brutalidad del hecho. En aquel momento, la figura de "femicidio" no existía en el Código Penal argentino; los medios y la justicia se referían al suceso bajo el rótulo de "crimen pasional".
Juicio y condena histórica
El juicio se llevó a cabo en julio de 1989. La defensa de Monzón intentó alegar "emoción violenta", pero el tribunal descartó esa figura. Finalmente, fue condenado a 11 años de prisión por homicidio simple, ya que en ese entonces no existía el agravante por el vínculo para parejas que no estaban legalmente casadas.
Monzón cumplió gran parte de su condena en la cárcel de Las Flores, en Santa Fe. El 8 de enero de 1995, falleció en un accidente automovilístico mientras regresaba al penal tras gozar de una salida transitoria por buena conducta.
Un cambio de paradigma
A 38 años de aquel 14 de febrero, el caso Muñiz es citado por especialistas en derecho como el punto de inflexión que inició el debate sobre la violencia contra las mujeres en Argentina.
Lo que en 1988 fue tratado como un hecho aislado derivado de los "celos" o la "pasión", hoy estaría encuadrado bajo la figura de femicidio, cuya pena única es la prisión perpetua. El impacto del caso permitió que las denuncias por violencia de género, que Alicia había realizado previamente sin ser escuchada, comenzaran a ser tomadas como señales de alerta críticas en el sistema judicial.