La historia de Ezequiel Martí no es igual a la de otros jóvenes. La suya se caracteriza por haber logrado un gran sueño al llegar a la meta del volcán Copahue en Neuquén.
El joven, oriundo de Rosario, tiene 32 años y en los últimos días se convirtió en el protagonista de esta hazaña, al cumplir con la travesía y subir 2.760 metros de altura. Este hecho es una muestra de superación personal y trabajo en equipo en plena cordillera.
Martí realizó todo el ascenso utilizando una prótesis en una de sus piernas y avanzó en igualdad de condiciones junto al resto del grupo, sosteniendo un ritmo constante tanto en la subida como en el descenso. “Hace 20 años perdí la pierna izquierda por un osteosarcoma. Supongo que los guías se sorprendieron cuando llegué con una prótesis”, contó.
Sin embargo, dejó en claro que su motivación siempre fue avanzar: “Cuando querés llegar a algún lado, adelantás primero un pie, después el otro… y eventualmente se llega”. Su determinación y entusiasmo marcaron el pulso de una experiencia atravesada por el compañerismo y el respeto por la naturaleza.
El ascenso estuvo guiado por la española Esther Medina y el argentino Flavio Duprett, responsables de Geoturismo Caviahue, quienes acompañaron a los turistas durante toda la jornada. En ese contexto, Ezequiel se destacó desde el inicio; afrontó cada tramo sin excusas y logró superar incluso el exigente arenal montañoso, uno de los sectores más complejos del recorrido.
El vínculo de Martí con Caviahue comenzó a partir de las historias de sus padres, quienes habían recorrido la Ruta 40 tras jubilarse. Ese recuerdo volvió a cobrar fuerza en una charla con amigos, cuando escuchó hablar de los paisajes, lagos y senderos del destino. Desde entonces, el objetivo fue claro: viajar al sur y subir el Copahue.
Tras informarse en canales oficiales, supo que el ascenso debía hacerse con guías habilitados y se contactó con el equipo local. Este logro se suma a otro antecedente en trekking, ya que visitó el glaciar Vinciguerra en Ushuaia.
Desde Geoturismo Caviahue destacaron que la experiencia confirma que la inclusión puede dejar de ser un concepto para transformarse en una realidad concreta. Con planificación, acompañamiento profesional y una mirada responsable, es posible abrir el acceso a entornos volcánicos y actividades de montaña a personas con distintas capacidades.
Los guías remarcaron además que participaron en talleres de Turismo Accesible impulsados por el Ministerio de Turismo provincial, donde incorporaron herramientas para adaptar las experiencias sin descuidar la seguridad ni el cuidado ambiental.
La llegada a la cima fue, para todos, un momento cargado de emoción. Pero sobre todo dejó una enseñanza clara: los límites muchas veces están más en la mente que en el cuerpo, y con decisión, apoyo y preparación, los sueños también pueden tocar el cielo patagónico.