Por Rocío Germillac y Elisabet Blanco Wegrzyn.
Una escuela levantada por las familias
La historia de la Escuela Politécnica N° 701 de Esquel no empieza en un edificio. Empieza en las manos de las familias que soñaron con formar técnicos en una ciudad que recién comenzaba a crecer. Empieza en el esfuerzo colectivo, en los padres levantando paredes, en los primeros estudiantes que hicieron de la educación técnica una bandera y en generaciones enteras que encontraron en “la Poli” mucho más que un colegio.
“Yo creo que acá hay que reivindicar a la familia ante todo, porque el primer colegio fue levantado por las manos de los padres”, cuenta Víctor Minola, profesor de Geografía y uno de los impulsores del rescate histórico de la institución que este 29 de mayo cumple 67 años.
La escuela nació en 1959 como Escuela Politécnica N°1 municipal y más tarde se transformó en la actual 701, cuando la provincia organizó las escuelas técnicas de la región. Desde entonces, la Poli fue mutando de edificios, de planes de estudio y de generaciones, pero nunca perdió su esencia.
“Quien entra acá no se va más”
“La Poli hoy no pasa por una institución escolar. Quien entra acá no se va más”, asegura Minola. Y no exagera. Exalumnos que vuelven como docentes, familias enteras atravesadas por la escuela y antiguos estudiantes que aún se emocionan al recordar sus años de taller forman parte de una identidad difícil de explicar para quien nunca cruzó sus pasillos.
En el marco del aniversario, la escuela organizó actividades comunitarias, plantaciones de árboles, trabajos junto al municipio y una participación especial en la Feria del Libro de Esquel con el proyecto “Nuestra historia y nuestra identidad”, realizado por estudiantes junto a docentes.
Allí estuvieron varias alumnas de quinto año de Maestro Mayor de Obras, quienes investigaron el pasado de la institución y entrevistaron a exalumnos históricos.
Las nuevas generaciones y el sentido de pertenencia
“Conocimos más a profundidad la historia de nuestra escuela, desde el principio. Hicimos documentales, entrevistas y entendimos cómo evolucionó cada orientación”, cuenta Carolina, quien participó en el proyecto.
Para otra de las estudiantes, la experiencia transformó la manera de mirar la escuela: “Hoy, al estar en quinto año, ya se siente como un hogar. Pasamos tantas horas acá que es más mi hogar que mi casa”.
Y Luana, primera politécnica de su familia, pone en palabras un cambio profundo que atraviesa a las nuevas generaciones: “Estamos creando ese sentido de pertenencia. Algún día vamos a recibirnos y vamos a decir ‘yo fui a la Poli’ con orgullo”.
Ese orgullo también tiene una historia de conquistas. Durante décadas, la escuela técnica fue vista como un espacio masculino. Hoy, la matrícula está prácticamente dividida en partes iguales entre mujeres y varones.
Mujeres que abrieron camino
Minola recuerda especialmente la historia de Blanca Urrutia, la primera egresada electromecánica de la institución en 1976. “Siempre soñó con entrar a la represa y por ser mujer no la aceptaron. Pero sí la tomaron en Aeroparque y ahí comenzó toda su vida laboral”, relata.
Las estudiantes actuales destacan ese cambio cultural que hoy les permite ocupar espacios históricamente reservados para hombres.
“Estamos muy agradecidas de poder representar hoy a la escuela de esta forma tan linda y de ser la mayoría mujeres”, expresó Luana.
Una escuela que también construyó ciudad
La Poli dejó huellas visibles en Esquel: participó en la construcción del monumento a los Caídos en Malvinas, aportó al tradicional muñeco de nieve y durante décadas formó técnicos que luego impulsaron obras, industrias y proyectos en toda la región.
Pero para quienes la habitan, el verdadero patrimonio está en otra parte: en las historias mínimas, en las tradiciones, en el viejo piano donde alguna vez se tocó por primera vez la marcha de la Politécnica y que hoy esperan restaurar. En las pernotadas de primer año. En los recuerdos que todavía viven en quienes pasaron por allí.
“Una institución no tiene que olvidarse de su historia”, reflexiona Minola. “Puede avanzar, cambiar, adaptarse a otras sociedades, pero siempre reivindicando a quienes hicieron posible que hoy tengamos nuestra querida Poli firme y siguiendo adelante”.
Mucho más que una escuela técnica
Actualmente, la escuela cuenta con más de 600 estudiantes y tres orientaciones: Maestro Mayor de Obras, Electromecánica y Forestal. Funciona en doble turno y sostiene una dinámica intensa que convierte a la institución en una segunda casa para cientos de jóvenes.
“Jamás un politécnico va a dejar a otro politécnico en la calle”, dice el docente hacia el final de la entrevista. “Después de tantas horas compartidas, ya no somos solamente compañeros. Somos familia”.
Y quizá ahí esté el secreto de una escuela que, 67 años después, sigue siendo parte de la identidad profunda de Esquel.
Agradecemos a Víctor y a cada estudiante que nos brindó sus palabras para este más que merecido homenaje.