Por Lelia Castro
A los 16 años, el esquelense Máximo Chaloupka Machado ya logró algo que muchos imaginan: publicar un libro propio. Estudiante de quinto año de la orientación en Comunicación de la Escuela 713, cuenta que escribir fue algo que siempre lo acompañó y que este sueño comenzó mucho antes de ver su novela impresa.
“Me dicen Maxi, Chaloupka o Máximo, un poco de todo”, dice entre sonrisas el joven autor, que decidió reescribir casi por completo una historia que había comenzado tiempo atrás porque sentía que ya no lo representaba del todo.
“Lo releí y me di cuenta de que el final era malísimo”, recuerda con humor sobre el momento que lo llevó a reconstruir personajes, emociones y escenas.
La novela no esquiva temas difíciles. Máximo explica que contiene una metáfora sobre una relación tóxica atravesada desde una perspectiva LGBT y aborda problemáticas como ansiedad, depresión, autolesiones, trastornos alimenticios, salud mental, abuso sexual y suicidio.
Lejos de buscar el impacto, asegura que quiso reflejar situaciones que atraviesan muchos adolescentes y de las que no siempre se habla.
“Muchas veces te dicen ‘¿qué va a tener un adolescente?’, pero estas cosas pasan mucho más de lo que la gente cree”, sostiene, convencido de la importancia de representar experiencias y sentimientos que muchas veces permanecen en silencio.
El amor por escribir nació desde muy chico, entre cuentos, dibujos e historias imaginadas. También recuerda el acompañamiento de la escuela y el hábito de leer como algo cotidiano.
Pero si hay algo que Máximo destaca especialmente es el rol de su familia, a la que reconoce como parte fundamental de su camino.
“Mi papá lee mucho, mi mamá escribía y ellos siempre me incentivaron. Me gustaba escribir, me gustaba dibujar y me decían: ‘Si te gusta, metele’”, recuerda.
Sobre su padre habla con profunda admiración.
“Mi papá ha sido y es uno de los mejores ejemplos a seguir que tuve. Es la primera figura en la que deseé y deseo convertirme cuando llegue a la vida adulta”, expresa.
Pero también resalta con especial cariño la presencia de su mamá, a quien define como una gran compañera cotidiana, alguien con quien encuentra escucha, conversación y acompañamiento.
“Muchas veces estamos comiendo y le digo: ‘Ma, no sabés lo que me pasó’, y podemos estar horas hablando”, cuenta.
Dice que su mamá siempre estuvo presente, acompañándolo, escuchándolo y alentándolo a seguir aquello que le apasiona.
El proceso de escritura también tuvo disciplina. Después de reorganizar capítulos y reconstruir personajes, decidió imponerse una rutina de hasta cinco páginas por día y logró terminar el manuscrito en poco más de dos meses.
Más tarde llegó el trabajo de edición junto a la escritora Julia Chaktoura, quien acompañó el material hasta que finalmente llegó a imprenta.
El momento de tener el libro en sus manos todavía lo emociona.
“Pasó de ser un Word en el celular a tenerlo físicamente, verlo, tocarlo y hasta sentir olor a libro nuevo”, cuenta.
Hoy su libro ya está a la venta y tiene un sueño muy claro: poder presentarlo personalmente.
“Mi meta es ir a una presentación y decir: ‘Hola, vengo a presentar mi libro’”, expresa.
Al comienzo de la obra aparece una frase que resume gran parte de las emociones de la historia: “No te aferres a algo que nunca fue”.
Una puerta de entrada a un libro que, según cuenta, está dedicado “principalmente a las personas que la pasan mal y no saben que la están pasando mal”.
En la charla con Maxi me quedó una sensación difícil de ignorar: la de encontrarme con alguien muy joven, pero con una sensibilidad profunda para pensar el dolor, los vínculos y las emociones humanas.
También me quedó algo simple, pero importante: detrás de muchos sueños que empiezan a florecer casi siempre hay alguien que cree, acompaña, escucha y alienta a seguir adelante. Una familia, una palabra de apoyo, alguien que ve algo en uno incluso antes de que uno mismo lo vea.
Y quizá por eso también quise compartir esta historia con ustedes: porque, entre tantas noticias cotidianas, todavía existen jóvenes que se animan a transformar lo que sienten en arte, en palabras y en algo capaz de acompañar a otros.
Por Lelia Castro