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20 de Febrero de 2026
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La madre que no puede parar de llorar: en 9 años sus dos hijas fueron asesinadas por sus novios

El último femicidio fue el martes y el autor está prófugo. El anterior fue en 2017 cuando Amira de 17 años fue encontrada muerta en el baño de una cancha de fútbol también víctima de violencia de género. El agresor se quitó la vida. 

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La violencia volvió a golpear con una crudeza estremecedora a una familia de la localidad de Campo Quijano, Salta. En menos de una década, una madre sufrió la pérdida de sus dos hijas en hechos distintos pero atravesados por el mismo patrón de agresión extrema. El último crimen ocurrió esta semana y generó una profunda conmoción social, reavivando el debate sobre la protección de las víctimas y el seguimiento de las denuncias por violencia de género.

 

Natalia Cruz fue hallada el martes en su vivienda del barrio Luz y Fuerza con graves signos de violencia. Había sido brutalmente golpeada y estrangulada. Aunque fue trasladada de urgencia al hospital, falleció durante el trayecto. Por el hecho, su expareja Orlando Serapia está prófugo, luego de haber confesado el crimen a la madre de la víctima antes de escapar.

 

La tragedia volvió a instalar el dolor en una familia que aún no se había recuperado de otro femicidio ocurrido años atrás. El caso impactó en los vecinos, que acompañaron a los allegados de la mujer y exigieron justicia, mientras las fuerzas de seguridad desplegaron un operativo para dar con el acusado.

 

El horror que atraviesa esta familia no es nuevo. En diciembre de 2017, Irene Martínez vivió una de las peores experiencias que puede enfrentar una madre: la pérdida de su hija menor. Amira, de 17 años, fue asesinada a golpes por su novio en el baño de unas canchas del barrio San Jorge.

 

La causa fue investigada como femicidio seguido de suicidio, ya que el agresor se quitó la vida en el mismo lugar. Aquella escena dejó una marca imborrable en todos los integrantes de la familia. Natalia, la hermana mayor, estuvo presente cuando encontraron el cuerpo de la adolescente. En ese momento, nadie imaginaba que años después ella también sería víctima de la misma violencia.

 

La noticia del nuevo crimen causó indignación y dolor entre quienes conocían la historia familiar. Vecinos y allegados remarcaron que Natalia era una mujer dedicada a sus hijos y que había intentado rehacer su vida tras separarse de su agresor.

 

El femicidio se produjo tras una secuencia que evidenció la vulnerabilidad en la que se encontraba la víctima. Según el relato de su familia, Natalia había denunciado en reiteradas oportunidades a Serapia por violencia intrafamiliar. Incluso había logrado una orden de restricción perimetral, aunque la medida venció y, pese a sus pedidos de renovación, no fue restablecida.

 

El día del crimen, Natalia llamó a su hermana Belén para pedirle una pastilla por un fuerte dolor de cabeza. La joven acudió al domicilio, pero no obtuvo respuesta. Horas más tarde regresó y se encontró con Serapia, quien se mostró alterado y dio respuestas evasivas sobre el paradero de la mujer.

 

Ante la sospecha, Belén avisó a otra de sus hermanas y ambas volvieron a la casa. En ese momento, el hombre se retiraba del lugar y les gritó palabras incomprensibles antes de marcharse. Al ingresar por la parte trasera, encontraron a Natalia tirada al costado de la cama, con un cable alrededor del cuello y aún con signos vitales. Fue trasladada de urgencia al Hospital Francisco Herrera, pero falleció antes de llegar.

 

Familiares aseguraron al diario El Tribuno que el acusado utilizaba la excusa de retirar a los hijos que tenían en común para acercarse a la vivienda. “Entraba diciendo que llevaba a los chicos a la casa de la abuela paterna”, relató la madre de la víctima.

 

 

 

 

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